El libro, por momentos, parece mesiánico, edulcorado, cercano al fanatismo.
El periodista, parece ser el primer fanático de Stockhausen, y eso se refleja en las preguntas, y por momentos, en las no repreguntas.
A lo largo de las páginas, sospeché que este libro parece una elegía hacia el entrevistado. Más aun, que éste se hacía las preguntas y asimismo se las contestaba.
Stockhausen parece tener respuesta para todo (sospechoso para mis fueros mentales) y todos. Nada parece escaparle: arquitectura, religión, teología, política, incluso... música!.
Conclusión: lejos de disfrutarlo, quizás este sea su mérito: ser insufrible.
Addenda: los fanáticos de Stockhausen lo adorarán solamente, si es por mí, a la hoguera!!!