Martín Rejtman es un escritor, guionista y director de cine argentino, nacido en la Ciudad de Buenos Aires en 1961.
Estudió cine en la Escuela Panamericana de Arte de Buenos Aires y en 1981 se traslada a los Estados Unidos y estudia Dirección en la Universidad de Nueva York.
Ha trabajado en cine, como asistente de dirección en Argentina y en Italia como asistente de montaje en los estudios de Cinecittà. Como escritor, publicó varios libros y fue guionista de sus largometrajes.
Leer a Rejtman es como estar frente a un tipo muy gracioso pero que nunca se ríe. Tipo que, además, tiene una obsesión con los paralelos, las fugas y, a veces, las drogas. Me gustaron mucho todos los cuentos. Debajo de la aparente objetividad y prosa despojada, hay una idea, como mínimo, de la sociedad de los 90, que se parece bastante a la que tenemos hoy en día, porque todo coso es político.
El universo de Martín Rejtman es un sitio en el que me he sentido bienvenida, cómoda, feliz. Un lugar que interiormente andaba buscando y que no sabía que existía, a pesar de amar sus películas desde hace años.
Este año en particular he leído más que los anteriores, pero Velcro y yo ha sido el único libro de este año que me ha mantenido despierta hasta la madrugada porque no quería dejar de leerlo. Me cautiva el humor de los personajes de Martín, la forma en la que abordan (o tal vez sólo dejan pasar) los problemas en los que se ven envueltos (que son muchos y recurrentes), las parejas que se arman y se desarman. El clima de su narrativa en general creo que me ha atrapado tanto porque es tan distinto a la cotidianidad que me rodea y que aborrezco: excesiva, histriónica, sobreactuada y, al mismo tiempo, plana, aburrida.
Las aventuras en las que se meten los personajes (como unas matrioshkas) son tan ocurridas y, a la vez, perfectamente verosímiles. Además, a ratos, da la impresión que los cuentos están conectados entre sí, como sucede en "Quince cigarrillos", cuando Diego entra a un supermercado y decide hacer la fila para pagar con la "cajera que tiene menos gente en la cola", lo cual me parece que es un guiño a Marta, en "Barras".
Me gustaron todas las historias, pero la que me fascinó fue "El pasado". El libro, en definitiva, va directo al estante de mis favoritos (un estante metafórico, porque lo leí en el Kindle, ya que en mi país no se consigue). Me hizo reír muchísimo (que no es poco, para los tiempos que corren) y también me emocionó en varios otros momentos. Me ubicó en otro lugar, definitivamente.
3.5 Los cuentos de Rejtman son como fragmentos de vidas cotidianas. No son cuentos clásicos del tipo hay un conflicto que se resuelve (o no), al final. Podrían empezar antes, después, y terminar también antes o después. Pero al mismo tiempo sí hay una construcción temática en cada relato, porque la forma en que se desarrollan no es aleatoria. Hay clima. Hay personajes. Hay estilo narrativo. Es eso: me parece que en estos cuentos hay identidad. Te puede gustar más o menos, claro, te pueden interesar más o menos las historias que se ponen en juego, pero hay una búsqueda, hay un interés. No llega a las cuatro estrellas porque no es el tipo de cuento que a mí más me gusta y porque hay algunos relatos que son mejores que otros, no es tan parejo en ese sentido, pero sí existe una continuidad, una unidad temática.
Leer este libro se sintió como charlar con un amigo. La particular manera de escribir suena a esas historias que se cuentan en juntadas de grupo y van derivando hasta irse a cualquier lado, lo que hace muy fácil recorrer ese camino y sentirse identificado con los distintos personajes. Emoción, casi lágrimas por momento. Me dió una grata sorpresa.
Me cuesta escribir una reseña de este libro. Lo terminé rápido y me gustó mucho pero en todos los relatos me quedé con ganas de más. Sentí como que estaba espiando la vida de los personajes. Sería genial una segunda parte.
Me gusta mucho la simpleza de las tramas en estos cuentos. Después de ver todas las películas de Rejtman quise leerlo y me satisfizo, contienen la misma sobriedad e indiferencia que me enamoró de él.
Soberbia colección de cuentos cortos, muy urbanos, viscerales, crudos y, por sobre todas las cosas, muy pero muy porteños. Quienes vivan en Buenos Aires rápidamente se sentirán identificados con los lugares, situaciones, personajes y aromas que desprende este libro.