Otro libro desbordante de talento de Roland Barthes. En este caso, se trata de una colección de textos sobre la imagen que abarca desde 1943 hasta 1980. En estos textos, Barthes nos deslumbra con su semiología personal que podría ser entendida como una forma radical de búsqueda del sentido mediante el análisis de los signos. Barthes descifra textos, entendidos en un sentido amplio. Obras literarias, fotografías, películas, historietas, la Torre Eiffel, pinturas, publicidades, y así sucesivamente. Toda producción que pueda ser descifrada, aunque no completamente, conforma un material de trabajo adecuado para el semiólogo, detective del sentido. Opino que varios elogios de Barthes dirigidos a escritores, fotógrafos, cineastas, autores de historietas, ingenieros, pintores y publicistas pueden ser también considerados como descriptores de este maravilloso libro. Creo que esta colección de textos no sólo deslumbra por su lucidez, sino que da ganas de ideas (página 121) como dice Barthes del pintor Saul Steinberg. También creo que estos textos poseen los atributos que Barthes emplea para describir las películas de Antonioni: vigilancia, sabiduría, fragilidad -en un sentido antidogmático- (páginas 177-182). Finalmente, opino que la virtud más importante surge de un comentario que hace Barthes del mismo Saul Steinberg, del que dice que le resulta inagotable, que está siempre adelantado (página 141).