Este es un libro censurado. En 1978, se publica en Barcelona pero nunca llega a las librerías argentinas, es censurado inmediatamente. Los dictadores de la cultura pensaron que estas páginas merecían la prohibición. Las Varonesas presenta dos relatos entrelazados: una historia familiar sobre la degradación, el incesto y la demencia en una isla de estatuas y secretos oscuros; y un testimonio de la violencia política y los ideales revolucionarios en boca de un guerrillero. Alfredo y Adela —hermanos que se aman en secreto— y el Castor y el Flaco Mendiola —eternos enemigos políticos— reescenifican los motivos de la tragedia en un contexto de persecución, tortura y muerte. Entre Santa Fe y Guatemala, la novela despliega una multitud de voces engarzadas en el hilo atormentado de Céline-Faulkner-Onetti-Benet y en una Teoría del Error que Alfredo construye para destruir el mundo. Este es un libro recobrado. Después de treinta y nueve años, tras superar la censura militar y el largo silencio democrático, Las Varonesas vuelve para ser leído en las tinieblas de su época, para hacernos escuchar su voz de luminosa ultratumba.
Para empezar ésta no es una novela para todo el mundo. Es para aquellos que se comprometen con la lectura aunque no dejen de removerse en sus asientos. Es embarcarse en una gran empresa (con casi 600 páginas) sin saber si va a resultar en ganancias. Dónde los personajes y los paisajes se mezclan con una neblina densa como si en el infierno mismo estuviesen. Es incómoda, es oscura, es intensa, es cruel, llena de pasiones terribles, es escenas que dan pavor y asfixiantes en muchos momentos.
Es una bomba de relojería que cuando estalla salpica a todos con su mierda y ya nada puede resultar indiferente. Una novela hecha de muchas historias y muchas voces, por lo cual a veces se torna un poco confuso, lo cual requiere que rehagamos el camino en alguna ocasión.
Para tener en cuenta es una historia muy latinoamericana, muy argentina, con todos los condimentos trágicos: familia, guerrilla, tortura, locura, crimen, traición, amor (y no del bueno). Tiene también muchas referencias filosóficas y literarias que a mí en muchos casos se me escaparon. Aún así, o por eso mismo, bienvenidos los que se animen a emprender esta lectura.
La novela arranca con las reflexiones de Alfredo, un personaje que irá cobrando mayor presencia en las siguientes páginas, y que jugando pool en un salón junto a otros sujetos, recuerda y va uniendo retazos con diversas observaciones que se relacionan con la muerte, pero no solo con lo metafísico de la muerte, sino que con la pudrición real de los cuerpos, los cadáveres magullados, una rata que es descrita con pelos y señas, y que se nos anuncia con parsimonia que tendrá un destino estelar al final de las páginas (¡y vaya que destino!). El narrador es fragmentario, hila y deshilvana la madeja sin respetar tiempos cronológicos, acercándose muy de cerca al narrador del Ulises de Joyce, logrando desestabilizar más la lectura cuando se introduce un segundo narrador omnisciente intercalado en los párrafos (recurso que Carlos Droguett llevaría hasta las últimas consecuencias en su trepidante Eloy).
A veces nos perdemos, pero no en un laberinto gris de retórica vacía; la prosa de Catania tiene muchas capas y pinceladas sin ser agreste, colorida sin esos toques a veces naifs que podríamos detectar en otros narradores de su época, como García Márquez: es una escritura con giros barrocos pero sin la carga sensual de un Lezama Lima, es espontánea cuando los personajes utilizan dialectos argentinos o caribeños, es evocativa y descriptiva, a veces rozando altas cuotas de poesía y de filosofía, como en el destacado pasaje en que habla de las divisiones de la ciudad, y desalienta a los escritores que no conozcan a su propia ciudad: que ni intenten ningún proyecto narrativo serio.
Es un libro increíble, y siempre que se lo llama "joya perdida" se está en lo cierto. Me molesta bastante cuando Catania se desvía de su construcción para meter escenas innecesariamente grotescas con las que sospecho yo que se hacía la paja. Lo cual es por otro lado un rasgo de la época, que como todas tiene sus dosis de recursos-con-los-que-ser-disruptivo-al-pedo.
Un libro injustamente olvidado. Es una obra colosal que conecta dos historias una de una familia de Santa Fe y otra de unos guerrilleros. Creo que esta podría ser una de esas grandes novelas Argentinas.
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Son dos historias que se cruzan, entre Argentina y centroamérica. Una atravesada por la locura familiar y otra por la locura de la lucha armada y de los milicos. Es una novela oceánica, como describen en la solapa o en el prólogo. Tiene pasajes para leer en voz alta, de una escritura elaborada que describe poéticamente escenas repugnantes. Las historias (porque son varias que se vinculan con las dos principales) son llevaderas pero hay que remarlas, hacer esfuerzos para discernir de qué van y a veces volver atrás para poder seguir adelante aún sin haber entendido mucho. Es eficaz el aporte de la operación crítica y editorial que facilitó su reedición treinta años después de su publicación original. Recomendado si sos de leer mamotretos.