Aunque Egipto y la India suelen ser los dos mundos de la Antigüedad que se llevan la palma en cuanto a turismo, películas, libros y fanes (que no fans). Pero si os digo la verdad, a mi me flipa Mesopotamia. Esa sucesión de sumerios, acadios, babilonios, asirios, persas, con todos los elementos además hebreos, hititas, elamitas...me vuelve loco. De hecho, es un tema para dedicarse toda la vida a ello, y no lo terminarías. Que su popularidad y conocimiento sea menor, es porque el turismo apenas se pudo desarrollar -a pesar de que señora Agatha Christie, tiene una novela ambientada allí-.
Por una vez en mi vida, hubiera preferido las hordas de miles de turistas en Mosul, que no a los HP del ISIS, destruyendo Nínive, Nimrud o Palmira. Me enfado con solo pensarlo, creo que si los tuviera a mi merced, los torturaría lentamente por ese magnicidio patrimonial.
Lamentablemente estas cosas no son de ahora, incluso el aclamado Alejandro el Grande destruyó Persépolis -muy lamentable por su parte-, pero es que la misma ciudad de la que habla este bien libro, Ur, fue arrasada por los elamitas- que vivían más allá de los montes Zagros, es decir, en la actual Irán.
Esta es una obra, introductoria, relativamente corta, pero muy atractiva si te gusta todo ese mundo que formaron los ríos Eúfrates y Tigris, que mucha gente compara con el Nilo, cuando son muy distintos, porque los de Mesopotamia son espasmódicos, incontrolables y violentos, mientras que el egipcio es un caramelo del cielo.
Lean cosas de Irak, y de sus antiguas civilizaciones, no todo es Wall Street y Tik Tok, háganme caso.