Este libro se titula Dreno, y en el poema con el que comparte título leemos: «tengo que poner un poco de orden en poco esto un todo de orden». Sea. Sean estas palabras que no se esperan, o que no se esperan así, porque en Dreno se fuerzan contra la vida el cuerpo y el idioma. Se fuerzan igual que se presiona la herida para deshacerse de lo que la ha contaminado, y limpiar la cicatriz que ya se forma. Que no engañe esta alusión a la vida, a lo que nos sucede; que no engañe su lenguaje claro, pero a la vez iluminado y hondo, visionario. No se trata Dreno de un diario de anotaciones, aunque observe a vuelapluma: hacia lo esencial, hacia lo puro, Matías Miguel Clemente escribe más allá.
Después de prácticamente un mes y medio (o más) leyendo este libro de ¿63? páginas, aunque me quedan un par de poemas, lo doy por acabado para hacer la reseña. Lo acabaré estos días igualmente.
Personalmente no es un libro que me guste demasiado, me ha resultado muy largo, sin llegar nunca a terminar de engancharme del todo. Principalmente noto que me falta un hilo que termine de unir todos los poemas (al menos para mí). Además su estilo más de prosa poética, textos más largos y complejos que un poema más tradicional tampoco me termina de gustar en general.
Igualmente es un libro con muchas imágenes e historias, mucho trabajo detrás, mucha “cultura”. Para mí no ha sido un libro fácil de leer, quizá por eso no he acabado de conectar con él, me ha parecido una lectura demasiado compleja para lo que busco actualmente.
Lo recomendaría más para quien quiera sumergirse en una poesía más compleja que beba de la prosa, que para quién busque una poesía más sencilla o más “tradicional” en cuanto a temática y expresión se refiere.