Como en cada una de sus obras, Alberto nos lleva de la mano por caminos difíciles de transitar. La culpa, la pena, el recuerdo del amor, la proximidad de nuestra muerte o el deseo de q esa muerte no sea en vano.
Descubrir a Rafael y a Sebastián, para a través de ellos acercarme un poco más a Federico, y con todo ello tb a Alberto, q en cada obra nos entrega un poco de él, ha sido todo un regalo.
Ha sido precioso poder pensar en nuestro presente siniestro y los posibles futuros (porq yo soy de los q dicen “mañana, mañana”), conociendo y escuchando las historias de nuestros ancestros maricas, reconociéndoles q su existencia hacen posible la nuestra.