El humorista gráfico Cesc se dedicó, como sus contemporáneos Sempé y Steinberg –que él reconocía como grandes influencias–, a la anotación costumbrista. Como Sempé, miró con ternura a los niños y a la gente de la calle. En especial a la gente con oficios modestos como las floristas, los peones o incluso los mendigos. Por otro lado, más crítico y en línea con Steinberg, denunció los abusos del poder, la banalidad y la preocupación por las apariencias de los ricos, y la burocracia kafkiana. Esta antología reúne los dibujos sin palabras de Cesc. Dibujos que no necesitan una explicación y que muestran por tanto su cara más directa y cercana, la que él prefería. Reivindicando a este gran dibujante como alguien que retrató con ternura algo más allá incluso de su época y su país: la sencillez de la condición humana. A pesar de los problemas que tuvo con la justicia (protagonizó dos juicios que fueron sobreseídos), con la censura y con las presiones políticas que llegaban a él a través de los editores y que provocaron que fuera “retirado” durante temporadas, mantuvo un público fiel que admiraba su capacidad poética de sintetizar ciertas ideas que no hubieran podido expresarse a través un lenguaje que no fuera el dibujo. Un dibujo amable que enmascaraba mensajes duramente críticos.
Com que vaig créixer amb Cavall Fort, per mi Cesc era un il·lustrador infantil molt tendre. Quina meravella les seves vinyetes de reflexió social, que remouen tots els costums sense necessitat de fer servir ni una sola paraula. Fullejar aquest llibre s'ha sentit com tornar a la infància i, a la vegada, llegir les millors vinyetes de Quino, aquesta mena d'observació crítica de la societat vestida de nostàlgia d'un segle XX que a vegades romantitzem ara que el veiem de lluny.