Busqué y compré este libro tras leer la reseña de un lector asombrado y maravillado, la verdad es que ha colmado mis expectativas. Casi culmina mi reto lector de este año, 50 libros para mi año 50, justamente los cumplo mañana, y me ha encantado que me haya devuelto a aquel momento vital en que me estaba formando. Esta novela comparte el espíritu de aquellos tomos polvorientos, con tapas de tela desgastada, que solía rescatar de las escasas estanterías de mis parientes o de deslucidas bibliotecas, poco prometedores en apariencia, pero con el poder de trasladarte a mundos remotos, inhóspitos, tétricos, acogedores o fascinates; en cualquier caso, muy alejados de la realidad de un barrio obrero del extrarradio de una ciudad pequeña y provinciana. En la estela de Jane Eyre, Scarlett O’Hara, Jo Baker y tantas otras cuyo nombre no recuerdo, su protagonista es otra mujer fuerte que lucha por alcanzar algún tipo de realización personal y conciliar sus sentimientos y emociones con la rígida y normalmente doble moral de su momento, aunque desde mi mirada más crítica y feminista, me apena que una persona de su valía desperdicie su vida y energías bajo el yugo de los condicionamientos de una pasión romántica, y por alguien enfermizo y petimetre. No sé si mi lectura habría sido distinta hace 30 años, posiblemente sí. Lo que antes entendía como lealtad y amor incondicional hoy lo leo como obsesión y relaciones tóxicas, será el espíritu de este tiempo. Lo que antes veía como personajes fuertes e indómitos ahora me parecen sujetos de neurosis, presas del narcisismo, la depresión, la psicosis. También tendrá que ver con mi formación en estos últimos años. Sin embargo, esta novela es mucho más que amor y locura, está la naturaleza y sus dones, el ciclo de las estaciones y sus cosechas, las flores, sus frutos, las relaciones entre pares, la presencia e intervención del mar, de los vientos, del paisaje, los objetos cotidianos convertidos en símbolos, la oposición entre Kate y Jake, ambos elemento tierra, pero ella amorosa, fértil, matriarcal, mientras que él, piedra y pedernal, representa las inexorables fuerzas destructivas al tiempo que transformadoras de un progreso amoral y capitalista, al fin y al cabo. También está el arte, la música, el poder mágico de la palabra...al fin y al cabo la protagonista es narradora, objetiva, cuenta lo que ve y siente, y lo que le cuentan u oye, por tanto deja espacio para la lectura entre líneas, no hay trampa ni cartón.
Otro punto que me encantó en cuanto recibí este libro fue comprobar que yo ya había leído a esta autora en aquellos maravillosos años, y no hace mucho la estuve revisitando y recordando, incluso su tumba en un cementerio de Nueva Inglaterra que visité virtualmente. Su otra gran obra, El cielo y tú, fue una de mis lecturas olvidadas por lo remoto, no por la calidad, de mi juventud. La historia de una institutriz que se ve envuelta en un crimen pasional, pero sale intacta e inicia una vida feliz y plena en el Nuevo Mundo. Lucy Desportes, fue tía abuela de Rachel Field, y su historia, aunque novelada, fue real y merece una relectura. La recomiendo mucho también, aunque dudo que sea fácil de encontrar.