Este cómic tiene el plus de ser la presentación en sociedad de un personaje como Beta Ray Bill, un héroe arquetípico con una historia, si se quiere, con ciertas reminiscencias a la de Silver Surfer (en cuanto a que una entidad viene a su planeta para destruirlo y él, que era una simple persona, adquiere poderes increíbles que lo alejan para siempre de los suyos) y que encaja a la perfección con la construcción de personajes de otros planetas que Marvel nos presenta.
Creo que personalmente es uno de los cómics de Thor que más me gusta. Él no es un personaje que me atraiga particularmente, y si bien este arco significa el fin del Dr. Blake (un alterego que me agradaba bastante) su fin, aunque prácticamente carente de consecuencias, se siente natural.
La forma en que esto fue resuelto, con Thor acudiendo a Nick Fury para conseguir una identidad civil, me resultó sumamente divertida porque me hizo acordar cuando unos cuatro años antes, el Capitán América de Mckenzie y Stern debió recurrir al jefe de S.H.I.E.L.D para conseguir una identidad civil como diseñador gráfico.
Supongo que habrá sido una bajada editorial pues Claremont y Bryne hacían algo similar en aquel momento con los X-Men, pero en fin. Volviendo al cómic, me gustó mucho el humor que Simonson utiliza, no solo resulta adecuado para las situaciones y los personajes; sino que además no resulta forzado. Y si bien el guión no es ninguna maravilla, esto es perdonado debido a que era él mismo quién debía encargarse tanto de las letras como de los dibujos, con lo cual todo su labor posee un mérito extra.
Thor: El último vikingo no es, en definitiva, una obra maestra; y quizás las cuatro estrellas sean un poco más de lo que la obra merece. Pero su calidad de historia imperecedera junto con esta edición en particular que ha realizado arreglos digitales, bien merece su justo reconocimiento como una de las mejores obras del personaje.