Cuando nos repartimos lo bares habla de eso que el propio título explica: de ruptura sentimental. De ese jodido infierno que todos hemos tenido que sufrir alguna vez: el saber que los lugares comunes harán daño y deberemos desprendernos de ellos si queremos seguir adelante, esos bares donde fuimos felices y que tendremos qu e repartirnos para no encontrarnos. Habla de esa difícil carretera hacia el olvido que tendremos que atravesar sin luces para lograr reconstruir de nuevo nuestra vida y nuestro ser. Pero Teresa Mateo no cae en el sentimentalismo ni la ñoñería en la que es tan fácil incurrir al hablar de desamor. No, ella encara los poemas con un fino humor desencantado, se ríe del dolor y de ella misma, se distancia de su propia tristeza para vencerla, ahogarla, darle patadas.
Es probablemente uno de las líricas más complejas que he leído últimamente.
Sí que es verdad que quizá ese haya sido justo el factor que haya hecho que no conecte del todo con la poesía de la autora. Aunque sí considero que poéticamente tiene mucho potencial.
Lo que más me ha gustado ha sido probablemente la recopilación de tuits del final y los poemas cortos de unos cinco versos. Creo que la autora consigue reflejar sus sentimientos mejor de esa forma más concisa. Sin duda, el punto más fuerte del poemario.
El poemario pasa por todos esos duros caminos que debemos atravesar hasta llegar al olvido y coger de nuevo el timón de la vida. Por ello, está formado por 8 apartados diferentes desde la atracción pasando por el amor, el desamor, el duelo y la supervivencia para encontrar la luz al final del túnel. A lo largo de todos ellos pasa por la ilusión, el enamoramiento, el dolor, la extrañeza, el vacío, la pérdida y la superación, para finalmente recuperar las ganas de estar con otra persona tras poner un punto y final y haber remendado las heridas del corazón.
La autora se desenvuelve muy bien en el dolor dándole su particular toque de humor y con versos ingeniosos, dotando su poesía de una gran delicadeza.