El penúltimo de la saga. Lo había dejado en pausa hace un tiempo para no leérmelos todos altiro, y se me había olvidado lo bueno que son los libros de este señor. Pura calidad... carcajadas en voz alta (literalmente, no una exageración) y lagrimones por ahí y por allá. Es de esos que recomendaría en los colegios si siguiera ejerciendo activamente como profesora. No solo son entretenidos y amenos, sino que también brillantes. El autor es un muy buen observador, tanto de personas como de animales, y sabe narrar tales observaciones con agudeza y gracia,
Y NO OBSTANTE, esta vez sufrí una decepción. James Herriot empieza sus días de veterinario en un mundo antiguo (para nosotros), donde las vacas y otros animales todavía tienen identidad y nombres propios, y los ganaderos una conexión personal con ellos, aun cuando terminen eventualmente usándolos como comida o productores de ella. Pero en este tomo llega el momento en que la ganadería antigua comienza a dar paso a la nueva, donde tales animalitos son encerrados en serie, sin poder pastar, encadenados, reducidos a un solo mero objeto, y entonces ¿qué hace nuestro vet? Nada.
O sea, al principio igual cae en un shock leve, se resiste por ejemplo a dejar sin nombre a una vaca en particular de una de las anécdotas, a la que llama "Ochenta y Siete" así con mayúsculas y todo, y cataloga como frío y estéril un campo terrorífico al que le toca ir a trabajar, donde los ganaderos son impersonales e indiferentes también con él pero, al final del relato, cuando termina bien su pega, tales ganaderos le ofrecen una cerveza, y él concluye aliviado algo así como "uf, menos mal que la cosa no ha cambiado demasiado, porque las personas siguen siendo los mismas", refiriéndose a la camadería humana y etcétera.
Sí, lo mismo con él, pero ¿con los animales? ¿Qué pasa con los animales? Es una anécdota terrible, ésa y otra donde una pobre vaquita pare escondida en medio de la noche y esconde a su ternero durante días, porque no quiere que, al descubrir su existencia, lo alejen de ella.
O SEA.
Yo sé que la sensibilidad y la conciencia sobre el otro (incluyendo sobre los animalitos) es algo que va creciendo con el tiempo, y que quizás en esos entonces la gente tenía menos recursos y todavía necesitaba la industria de la carne... pero igual habría pensado que Herriot iba a defenderlos un poco más, cuestionar quizá un poquito el sistema nuevo, y nada de nada. Porque la vida que llevan esos pobres animalitos en lugares reducidos e impersonales como esos es todavía peor que su muerte. Si van a terminar en el plato de alguien, que experimenten al menos un poquito de amor antes, sientan el sol sobre sus lomos, miren una mariposa, huelan el pasto de la mañana, corran por el prado, reciban una rascadita de orejas... tengan un nombre.
¿Por qué el vet no habrá dicho nada? No lo sé. ¿Es que realmente no le importaba? Siendo alguien tan sensible y despierto, tan íntimamente relacionado con su medio, y tan amante de los animales, sinceramente lo dudo. Entonces se me ocurre que simplemente no quería pelearse con nadie, y no poh, podrías haber sido una voz, James. Aunque fuera sutil. No venderte por una cerveza, menos tú que los conocías tanto, que sabías cómo en verdad eran.
Lo otro es que realmente lo considerara como parte de la vida y etcétera. Hay muchos que todavía lo hacen.
En fin, cuatro estrellas y no cinco solamente por eso. Lo siento :(
Esto, en todo caso, sucede solo hacia el final del libro, y hay igual un montón de historias preciosas, y además muchas más de perritos, gatitos y animales de compañía que en otros tomos. Y además hay buenas anécdotas sobre su vida como piloto en entrenamiento para las fuerzas aéreas, y otro montón sobre la gente, casi todas muy graciosas y siempre escritas con cariño. Mucho sentido del humor, como siempre, y una gran capacidad de reírse de sí mismo. Una gozada de libro. Es como si se leyera solo. Excepto en eso que dije y pucha, siento (pero no) el ímpetu con que lo dije.
¡Ahora me queda solo el último de la saga! A ver cuánto me dura. Igual me da un poco de miedo empezarlo por si la cosa se pone más oscura. Pero quizá estoy exagerando. Aunque es posible que con los años Herriot haya ido viendo más y más miseria, las historias que elige en general son hermosas y amables. Pero a medida que voy avanzando, voy sintiendo por omisión todo lo que no se dice. O lo pienso, al menos, pienso en lo que sucede en tantos mataderos en lugares mucho más amplios que la sola Inglaterra.
Pucha, voy a terminar desincentivando la lectura de este libro, que es tan bueno y además un testimonio histórico, jajaja. Así que mejor chao.
Recomendado, pese a mis sentimientos encontrados, aunque creo que son mejores los primeros.