Premio Nacional de Novela Federico Villareal 2003, es una mirada profunda y estremecedora de la reciente historia del Perú (su referencia es la violenta década del 80) sin maniqueísmos ni la satanización de sus protagonistas. Es también una novela que busca representar la vida como una totalidad, a través de diversos temas que se contraponen, se subsumen o se complementan.
¿Quieren una novela sobre el terrorismo peruano que no se regodee en las masacres, sino en las vidas de quienes en el futuro serán las víctimas, sean muertos o no? Esta es su novela.
El acercamiento trivial a la vida peruana en los Andes sur y Huamanga en concreto se suele plantear desde estándares externos. Retablo hace, en la vena de Miguel Gutiérrez y en menor medida en la de otros narradores peruanos, lo que hay que hacer en un sentido histórico, pues vincula un drama familiar a inicios de los años 2000 con una serie de razones históricas, materiales y reales que llevan de las relaciones gamonales a la reforma agraria y al surgimiento de Sendero Luminoso pero sin los reflectores del morbo sensacionalista y con los componentes de la subjetividad y arbitrariedad propios de cualquier época. Salvo la impronta nostálgica por una masculinidad impracticable en el presente y la nostalgia por una música popular que codifica relaciones sentimentales violentas, Retablo es un libro en el que se respira vida y movimiento, aunque también presenta problemas menores y pudo haber sido mejor editado y maquetado.
Con una estructura narrativa no lineal ni cronológica, el autor relata la historia de los Medina, una familia agrietada pero que permanece unida, a través de diversas generaciones, voces y momentos. Los saltos hacia atrás y hacia adelante en el tiempo son un recurso que pueden confundir al lector, especialmente cuando el espacio temporal es amplío y los personajes abundan, pero que también sirve para exponer la experiencia vital de manera circular y, por ende, infinita.
La voz que narra encuentra su origen en una cosmovisión claramente ayacuchana, la cual puede resultar distante para el lector no – andino, como es mi caso, pero que resulta cautivante por desafiar al discurso literario oficial nacional peruano, tan cargado de criollismos y modismos limeños o costeños. Este es un libro andino, narrado por una voz andina y escrito por un autor andino. Una literatura diferente en un país dividido y cargado de taras sociales.
También se trata de una historia sumamente conmovedora, que no cae en tópicos comunes al momento de hablar de terrorismo. No se basa en la dicotomía “los buenos” y “los malos”, sino que relata vidas desde una perspectiva netamente humana, convirtiendo a sus personajes en testigos activos de ese momento tan doloroso de la historia nacional, sin juzgarlos, sin endiosarlos.
Un libro que, definitivamente, debería estar en todas las aulas de los colegios para que todos los alumnos y las alumnas del Perú puedan entender un poco mejor a su país.
Así como un Retablo cuenta con diversas representaciones y sucesos, a través del Retablo que nos muestra Julián Pérez, con la historia de la familia Medina, podemos ser testigos de los diferentes hitos sucedidos en los tiempos oscuros del Perú, especialmente en la sierra. Dónde el campesino, el serrano, los cholos eran los más perjudicados, pues desde diferentes trincheras recibían ataques políticos, raciales, sociales, ideológicos.
Es así, que en este viaje a las profundas raíces Ayacuchanas podemos ser testigos de todos estos abusos e injusticias cometidos. Dónde a pesar de los años no se olvidan y muy difícil se logran superar.
Con un final, desgarrador en lo personal, puede resumir todo el dolor, sufrimiento e indignación vivida por muchos peruanos y durante tantos años, con la incertidumbre de cuándo llegará el fin de todo ese caos.
Un novela largo y difícil, pero muy bueno. Julián Pérez escribe sobre el terrorismo, la familia, su propia vida, las mitos y cultura de Ayacucho y más. El libro es ficción, pero Pérez es de Huamanga, vivía en estos tiempos del terrorismo de los Senderos Luminosos y hasta su hermano murió en este guerra. La novela es autentico, escribe de su propia experiencia y a la vez es ficción. Lo recomiendo mucho.
Me ha gustado porque pone en contexto la vida en las serranía ayacuchanas durante el surgimiento de los terribles tiempos de violencia en el Perú de los 80s.