Esperaba muchísimo más de este libro, tenía las expectativas por el cielo. Evocaré aquí lo que un amigo mío, muy lector, me dijo antes de prestarme esta edición: "Es como leer a R. H. Moreno Durán, hay maestría pero solo miran viejas". Y así fue... La novela es pícara, crítica (ya diremos qué critica exactamente), divertida, estilosa, pero no deja de resaltar ese afán morboso y obsceno de los protagonistas (aunque claro, esto también es una crítica a esos profesores universitarios, distinguidísimos de por sí, que se pudren en puestos de las universidades provincianas sin que nadie les diga nada de sus perversiones, morbosidades, abusos y concentración de 'poder'). Dicho todo esto, Estas ruinas que ves explora una provincia, acaso no muy lejana de la realidad de las provincias latinoamericanas de los años setenta, la ciudad chica de Cuévano es un lugar digno de visitar y recorrer, al menos eso registran sus libros de historia y la herencia cultural de sus ilustres próceres y académicos. Paco Aldebarán, nuevo profesor de literatura al servicio de la Universidad de Cuévano regresa a su ciudad donde aún lo recuerdan gracias al pasado de sus antepasados, todo muy burlesco hasta aquí. Su llegada y sus posteriores andanzas con el resto del cuerpo académico, y uno que otro añadido, desequilibran algunas de las entumecidas dinámicas de Cuévano: el orden moral y religioso de las familias, el gusto y la sensibilidad artística, la cátedra y algunas de sus prácticas, entre otras. Tal vez este sea el quid de este libro: reírnos de esos cenáculos provincianos y su aferro y resistencia al tiempo.