Personajes irrepetibles que nacen en territorio colombiano como el boxeador Rocky Valdez; William Pérez, conocido como el enfermero de los secuestrados o el gran juglar de juglares Diomedes Díaz. Bufones y perdedores de nuestra realidad, que se encuentran a lo largo y ancho de nuestra geografía. Historias crudas y estremecedoras de un país que vive entre el esplendor y la sombra, y escritos personales tras una vida detrás del país y sus letras. Esto es lo que recoge el nuevo libro de crónicas de Alberto Salcedo Ramos, el mejor cronista de Colombia y que es considerado uno de los mejores representantes de este género de habla hispana. Son 27 retratos de Colombia y sus personajes, impregnados tanto de trópico y alegría, como de dolor y muerte. Una mirada tan contradictoria y visceral como el país mismo, y a la vez deliciosa de leer, e imposible de abandonar una vez se abordan sus páginas.Escrito por quien es considerado uno de los mejores cronistas del habla hispana. Escritor de varias publicaciones dentro y fuera de Colombia, profesor y ganador de varios premios y reconocimientos. Reúne una variada y robusta selección de sus mejores crónicas desde 1997 hasta 2011.
Este libro es un proyecto periodístico con sustento investigativo admirable. Un libro que cuenta 27 historias de personajes colombianos. Aquí encontrarás famosos, campesinos, trabajadores, soñadores entre otros; Un sociedad a través de los ojos. Me hizo llorar, reír y volverme a remplantear ¿Qué debería hacer yo para ayudar al prójimo?
En estas historias van encontrar mujeres y hombres de todo tipo de cultura, educación y estrato. Si están dispuestos a leer entendiendo el porqué de sus acciones, será un libro entretenido y capaz de generar preguntas en ustedes.
Entre más crónicas leo, más reafirmo mi percepción de cuan importante es este tipo de literatura para enseñarle a quienes trabajan en las ciencias sociales a percibir, describir y ayudar a entender el mundo. Esta selección de crónicas es entretenida, de un ritmo ágil y ameno mediante el cual se puede entender la cultura costeña, la sociedad colombiana y la violencia que no deja de atravesarnos. Sin duda es un buen resumen para quien tenga interés de acercarse a Colombia.
El país donde muchos se jactan de ser el más feliz del mundo. Un término irónico, para la realidad que vivimos. Donde no tenemos ojos, ni corazón, ni conciencia para mirarnos en el espejo roto de la guerra. De botas, armas, viudas y huérfanos llenaron esta tierra, que muy rápido cambio de dueños.
No nos conmovieron los muertos, tampoco los mutilados ni las lágrimas que inunda los caminos del destierro y despojo de miles de familias del campo. Crecieron las ciudades, también las injusticias, y las manos manchadas de sangre. En este libro encontrará veintisiete historias que van desde Diomedes, la primera funeraria para perros, hasta la masacre del Salado. Cada una con su gracia propia que me desgarraba el alma a su forma.
En un inicio pensaba que serían divertidas, me recordarían, la parranda en la que el colombiano vive, tan equivocada estaba. Si bien, algunas me hicieron reír, otras enojar, pero el sentimiento que más estuvo presente, fue una tristeza muy grande.
Soy una ignorante, me falta aprender tanto de mi país, se lo mínimo de historia. Quizás, producto de una educación mediocre, donde me obligaban a aprender fechas, pero no a reconocer el problema de raíz o quizás porque no preste interés. Llore un par de veces con algunas crónicas, pero en este preciso momento lloró pensando en todo lo que ha tenido que pasar este pueblo. Donde quiero conocer más la historia, quiero descubrir el problema de fondo, para mi y para poder enseñarle a futuras generaciones.
Algunos de mis apartes favoritos son:
• Ves, como el ser más miserable, se apega a un hilo de esperanza, en una tierra de destierros. • A veces la palabra se queda corta para curar las heridas y acercar a los enemigos. Entonces se arma una matazón en la que corre sangre inocente • El problema de fondo es la intransigencia de los colombianos, que nos hace percibir al diferente como un transgresor que debe ser borrado de la faz de la tierra. Por eso vivimos de conflicto en conflicto. • En cuanto a la ilusión, sostiene que él se sacrifica, precisamente, porque cree que algún día verá los resultados. Tanto él como muchos de sus compañeros saben que el futbol les dio una identidad que no tenían, les permitió – como dicen ellos mismos- <>. Te queda la pelota para evitar que te impongan la derrota como destino. Por eso aguantas los viajes, los soles, las lluvias, los malos sueldos, la soledad de los estadios y el trapero. Todavía tienes derecho a soñar que eres Pelé. Y ojalá la tozuda realidad, muchacho, jamás te demuestre lo contrario • Los seres humanos son capaces de alquilar balcón para apreciar mejor los defectos de sus semejantes. Nada le produce al hombre tanto morbo y tanta hilaridad como la anormalidad de otro hombre. Por eso el circo es el escenario natural para burlarse del prójimo. • Al igual que esas bacterias que se incuban en la carroña, ellos medraron como parásitos entre los desechos de un país paupérrimo y enfermo de intolerancia.
"Algunos, cuando tienen salud, saltan temerariamente por encima de los límites. La mala noticia es que el placer también nos despedaza. Y cuando eso sucede, la única opción que nos queda es agachar la cabeza, humillados, para curarnos las llagas con un algodoncito. Entonces, por fin, lo comprendemos todo: nos desintegramos como la leña mordida por el serrucho." —Fragmento: "Los dedos que no pudieron ser mariposas".
"Zuleta piensa, y lo dice con una sonrisa bandida, que la escuela podrá ser muy buena para hacerse doctor pero no es necesaria para arrimarse a las muchachas. El que quiere besar simplemente busca la boca, y ahí no hay abecedario que valga. Lo único que vale es tener dulce en el pellejo para que las mujeres se vayan pegando como enjambres de mariposas. El que no tiene eso está muerto, así sea dueño de todos los código y todas las biblias. Si naciste mal despachado de miel, las mujeres no se engolosinarán contigo, y deberás conformarte con verlas volar a lo lejos, bonitas y sabrosas, pero ajenas". —Fragmento: "El testamento del viejo Mile".
"En las márgenes de los ríos, en los solares yermos, en los moteles, en los malecones, contra las paredillas, frente a los zaguanes de las casas solitarias, sobre las camas de los ausentes, dondequiera que haya un par de metros de espacio disponibles, los enamorados son capaces de improvisar su propio paraíso" —Fragmento: "El llamado dela chirimía".
Las siguientes notas fueron tomadas de este libro:
• Estás vivo, haces planes y hasta tienes vanidades, le subes el volumen a la música, pero de repente, cuando vas en lo mejor del baile, una mano invisible te señala, y entonces, de un solo golpe, la fiesta se te acaba • El que quiere besar simplemente busca la boca, y ahí no hay abecedario que valga. • Casi nadie se despierta por la mañana preguntándose si ese sol brillante que se filtra por la ventana será el último de su vida. Casi nadie da las gracias por el pan y la sal. Y así cada quien va por el mundo aplazando el pago de sus deudas., convencido de que siempre habrá una nueva oportunidad. • Obregón sostuvo que el hombre que guarda pintura cuando lo que necesita es comida no tiene alma de poeta sino de bobo. • A los ochenta y seis años Emiliano Zuleta Baquero conoció el aburrimiento. Ocurrió en septiembre de 1998, cuando sus problemas cardíacos lo forzaron a marcharse del pueblo de Urumita para la ciudad de Valledupar. • Cuando se oconvirtió en novillero adoptó el mote de Gitanillo de América, pues intuyó, con muy buen juicio, que a un matador que se llamase como él—Over Gelaín Fresneda—nadie se lo tomaría en serio. • Algunos, cuando tienen salud, saltan temerariamente por encima de los límites. La mala noticia es que el placer también nos despedaza. • —Si usted se pone a buscar compositores mejores que Emiliano Zuleta, los va a encontrar. ¡Pero el que compuso “La gota fría” fui yo! • Una palabra bien dicha desarma al enemigo, acerca al que se encuentra lejos, abre las puertas clausuradas, alegra al que está triste y apaga los incendios alevosos. • —Yo le digo que no se quede bruta como yo, porque los brutos se mueren muy rápido. • La gente es así, gozosa, risueña. ¿Por qué diablos tendría que comportarse de manera distinta en los funerales? Sería como aceptar la derrota. Lejos de humillarse ante la muerte, los hombres la desafían con el humor. • El restaurante donde se lleva a cabo la conversación funciona dentro de un búnker, en cuyo techo se sienten, los arañazos de un viento filoso. • Viendo la escena desde un rincón del quirófano, cavilo sobre la fragilidad humana. ¿Qué somos, a fin de cuentas? Un mueble que se desintegra, un cascaron que se desmorona a pedazos. O, como decía el escritor Héctor Rojas Herazo, una cerretada de tripas que cada quien empuja como puede. • Los recuerdos, explica con otra metáfora, son el único recurso que le queda al hombre para bañarse de nuevo en el río que ya pasó. • Cuando se busca en su propia memoria no parece sedentario como es hoy, a los setenta y dos años, sino convertido en lo que él llama “un hombre lluvia”, es decir, “alguien que puede caer en cualquier parte”. • Y bien: ahí tenemos a Regino, en el centro del cuadrilátero, debajo de una lámpara que lo ilumina a chorros como para dejarlo en evidencia • —¿Por qué te pusiste esas iniciales de oro en los dientes? —Eche, porque gané para ponérmelas. Yo en esa época era campeón. • Siento ganas de destapar una botella de whisky Sello Negro para brindar por los únicos tres asuntos que según el poeta vallenato Luis Mizar, justifican una parrando: la salud, la familia, la felicidad de los amigos y cualquier otro motivo. • Alguien debe inmolarse de vez en cuando, para que la puñetera vida de todos los días tenga sentido. • Se llega y se parte, se parte y se llega, todo depende desde la perspectiva desde la cual se mire. • Hoy sabemos que no existe ninguna diferencia entre el país que anda de rumba y el país que se derrumba. • Tiene razón el locutor tumaqueño “Paché”Andrade cuando afirma que un niño de su pueblo solo necesita una pelota y un metro de tierra para documentar la esperanza. Para darle sentido a la vida. • Cuando a los negros africanos los trajeron de América como esclavos, les arrebataron de un tajo la lengua y la patria. Si la pérdida resulto menos dramática de lo que debió haber sido, fue por el tambr. El tambor fue raíz y alfabeto, tierra y voz, armadura contra el látigo. • La suma de los minutos nos matará algún día, claro, pero no vale la pena preocuparse ahora por eso, pues todavía, mal que bien, aspiramos el aroma del café. En lugar de inquietarnos por el tiempo, discurrimos a través de él sin cuestionarnos: estudiamos los ángulos, comemos maní salado, bebemos más café. Si se nos mete una piedra en el zapato a las ocho y diecinueve, la sacamos a las ocho y veinte. Y en seguida a las ocho y veintiuno, reanudamos la marcha. Ahora, por ejemplo, el horizonte está oscuro, pero es posible que cuando terminemos la clase lo encontremos brillante. El hecho de saber que contamos con una puerta de salida abierta de par en par, nos proporciona tranquilidad. Vivimos a nuestro ritmo, ajenos a al movimiento monocorde de las manecillas. Convencidos—y esta vez no es un divertimiento literario—de que los relojes pierden el tiempo. Ocho y veintidós. • Muchos reinsertados, aunque hayan entregado los fusiles, siguen armados en sus conciencias. • Es muy difícil que quienes solo han visto el país por la televisión confíen en los reinsertados y entiendan el valor de establecer la paz con ellos. • Uno pensaría que consiguió su ropa entre los restos de un naufragio: la camisa demasiado ancha, los zapatos con las puntas dobladas hacia arriba. Hasta su bigote largo y desgreñado, que contrasta con sus mejillas escurridas, parece heredado de un difunto mucho más grande que él. • Entonces en ves de sentarse a esperar que la guerra los matara, Edinson, y José Atilano se metieron en la guerra para protegerse. • Tan grande era el miedo en aquellos primeros días del retorno, que algunos dormían con los zapatos puestos listos para correr de madrugada en caso de que fuera necesario.
Este libro es una recopilación de 27 crónicas de Alberto Salcedo Ramos en las que los lectores nos encontramos ante una montaña rusa de emociones. Literalmente! Como el buen constructor de animaciones extremas, S.R empieza acelerando y ascendiendo en emociones con las dos primeras crónicas, las cuales son muy buenas, entretenidas, nos culturizan un poco pero luego en la tercera nos pasa por lo más alto de la diversión con "El testamento del viejo Mile", después de pasar por quizás una historia divertida y simpática (pero no tanto como la del viejo Mile) S.R nos lleva a un punto más serio con "El enfermero de los secuestrados", donde nos muestra en un tinte no muy cruel, ni muy mortal la realidad de Colombia con la guerra. Todo esto para después volver a reír, aprender y desilusionarnos otra vez con "La eterna parranda de Diomedes". Luego está mi problema con el libro.... Vienen 13 crónicas de seguido, una tras otra (sacando la de Caraballo) donde S.R nos mete en un cuento tan cruel y desolado donde no hay diversión sino depresión! Esa no es una eterna parranda. Y con esto no quiero decir que sea malo el libro! Para nada! Es un libro excepcional... Pero el tinte alegre y folclorico del inicio del libro destiñe tanto con el centro que hace parecer que se están leyendo dos libros de crónicas distintos. Uno para llorar y otro para reir. Aunque se le agradece al muy talentoso S.R que no nos dejara ir tristes, pues al final dos crónicas son tan bellas en su pureza que nos calientan el alma y nos hacen sonreir el corazón: La niña más odiosa del mundo y Las verdades de mi madre. Yo le daría a este libro 3.8/5.0, pero acá no puedo hacer eso y 4 no puedo hacerlo porque en un punto (no se si por rechazo a ver la verdad con mis propios ojos o qué) siento que S.R nos sume en la tristeza quizás de manera perniciosa. A las siguientes crónicas y a la redacción en general les pongo un 5/5: - La palabra de Juan Sierra - El testamento del viejo Mile (7/5!!) - El arbitro que expulsó a Pelé - La eterna parranda de Diomedes - Retrato de un perdedor - Caraballo, campeon sin corona - Enemigos de sangre - El pueblo que sobrevivió una masacre amenizada con gaitas (triste historia) - La niña más odiosa del mundo - Las verdades de mi madre
Homenajes a protagonistas de la música, del deporte y de la cotidianidad de algunos rincones de Colombia. Sus crónicas representan las voces de los que vivieron la gloria y también de los que luchan día a día por salir adelante. Todas las historias me llegaron al corazón, especialmente "Las verdades de mi madre"y "Enemigos de sangre".
Algunas citas para no olvidar:
- "Los recuerdos, son el único recurso que le queda al hombre para bañarse de nuevo en el río que ya pasó". Juan Sierra, palabrero wayú. - "Una palabra bien dicha desarma al enemigo, acerca al que se encuentra lejos, abre las puertas clausuradas, alegra al que está triste y apaga los incendios alevosos". -"La vida pierde sentido cuando el acto de caminar desprevenidamente sobre la tierra de los ancestros es como jugar a la siniestra ruleta rusa. El alma se desmorona, cae en la trampa mortal mucho antes que el pie. Y nos va dejando cada vez más rotos y más jodidos". - "Me pregunto si los seres humanos somos conscientes de la memoria que se nos escapa, minuto a minuto, a través de la luna de los espejos".
Además de leerlo, vi como 10 entrevistas al autor. Conocí a Salcedo Ramos en la Librería Lerner de la Séptima. Él estaba animando un partido de futbol y me preguntó mi opinión. Nula, porque nunca me ha interesado ese deporte.
En este libro me sentí tan destruido con historias como las de las minas antipersonales en Antioquia, como la masacre de El Salado. Hubo lugares que tuve que buscar en Internet porque los desconocía.
Por otro lado, hay historias con las que sonreí: Diomedes, Emiliano Zuleta, su exvecinita de la infancia. Ese va y ven de emociones me parece en definitiva la realidad misma de la condición humana.
Este libro es un manual de cómo escribir bien sin el uso exagerado del lenguaje. En una de las entrevistas que escuché, Salcedo Ramos mencionó que el que escribe debe ser una persona honesta.
Sus historias hablan con buena gracia de personajes pintorescos en la Colombia de finales del siglo XIX y principios de este siglo. La pasión con la que describe los juglares del caribe se pierde en los siguientes relatos, aunque en Los dedos que no pudieron ser mariposas o El arbitro que expulsó a Pelé retrata con mucha belleza la tragedia y la justicia.
Esta colección de crónicas deliciosamente narradas se disfruta de principio a fin. Alberto Salcedo Ramos es un buscador de historias, y en este país donde la realidad siempre supera la ficción, sí que tiene dónde encontrarlas.
Todo un retrato de Colombia, de la Colombia de figuras, de parrandas, de gente perseverante, pero también del país olvidado, triste, violento, estático.