Empecé este año con la convicción de que vivimos tiempos en los que no podemos darnos el lujo de no ser políticos. Quise, pues, darme a la tarea de “llenar huecos” en mis conocimientos sobre política, en especial en lo que tiene que ver con la historia, la teoría y los conceptos. Creo que tomé la elección correcta con este libro.
La primera edición fue publicada por Sabine en 1937. Aun faltaba que los horrores de la Segunda Guerra Mundial arrasaran medio mundo. La tercera y última edición revisada por el autor data de 1961; ésta que leí fue además revisada por Thorson en 1973, con lo que se logra que sea lo más completa posible.
El ser humano es un animal social por naturaleza, pero es en cuanto aplica la reflexión consciente y racional a sus problemas de organización social que nace la teoría política. El libro se divide en tres grandes bloques: la ciudad-estado, la comunicad universal y el estado nacional. Sabine nos lleva de la mano por la historia del pensamiento político en Occidente, empezando por supuesto en la ciudad-estado griega, de la que explica su organización e instituciones de forma que podamos comprender las filosofías de Platón y Aristóteles. Luego viene el Imperio Romano y la Europa cristiana medieval, para finalizar en los últimos 500, años desde el Renacimiento hasta la fecha.
Éste es uno de esos libros, chonchos y sesudos, que leerlos de cabo a rabo es como tomar un curso intensivo de un tema. Uno aprende, y mucho. Conocí a algunos pensadores de los que no sabía casi nada y que me llamaron la atención de inmediato, como Marsilio de Padua y James Harrington. Comprendí mejor el concepto del iusnaturalismo y cómo la filosofía de David Hume contribuyó a su derrumbamiento.
Aprendí que la Edad Media fue más “democrática” que la Modernidad, que los pensadores de la Ilustración fueron menos originales que los del siglo XVII, que muy interesantes antecedentes del comunismo pueden hallarse en la Revolución Inglesa, que la teoría del contrato social antecede por mucho a la filosofía del Siglo de las Luces, y que las críticas de John Stuart Mill y Thomas Hill Green al capitalismo liberal siguen siendo vigentes.
Eso sí, está denso, y recomiendo familiarizarse un poco con la historia universal y con la de la filosofía en general antes de entrarle. Por otro lado, tiene los típicos defectos de ser eurocentrista (ni siquiera los pensadores estadounidenses son tomados en cuenta) y androcentrista (la única pensadora, mencionada apenas de pasada, es Rosa Luxemburgo), y que no le dedica ni una palabra al anarquismo ni al feminismo.
Los capítulos que me parecieron más interesantes son los últimos cinco, dedicados dos de ellos al liberalismo, dos más al comunismo y un último al fascismo. Me parece que es fundamental hoy en día entender en qué consisten estas ideologías como sistemas de pensamiento, de dónde vienen, cuáles son sus contradicciones y sus limitaciones, y hasta dónde pueden llevarnos (para luego no decir imbecilidades como "los nazis eran de izquierda"). Estudiar la historia del pensamiento siempre ayuda a tener una mejor perspectiva de la realidad actual y a expandir el propio criterio al contrastar las ideas que damos por sentadas con otras diferentes. Es uno de esos libros tumba-burros, pues.