A pesar de ser conocido fundamentalmente como el irreverente e ingenioso dramaturgo y cuentista y autor de El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde fue también un crítico literario visionario. Defendió la crítica como una disciplina independiente de la literatura y enfatizó el rol esencial de ésta en el proceso creativo. En este volumen incluimos dos de sus más importantes ensayos, que se publicaron en el volumen Intenciones en mayo de 1891. En El crítico como artista Gilbert y Ernest conversan sobre la distinción entre el arte y la crítica. Para Wilde, la creación artística sólo puede proceder de un espíritu crítico. La decadencia de la mentira presenta, también en forma de diálogo socrático, a los personajes Vivian y Cyril que, extravagantes y divertidos, debaten sobre el valor del arte, defendiendo el esteticismo y el «arte por el arte».
Oscar Fingal O'Fflahertie Wills Wilde was an Irish poet and playwright. After writing in different forms throughout the 1880s, he became one of the most popular playwrights in London in the early 1890s. He is best remembered for his epigrams and plays, his novel The Picture of Dorian Gray, and his criminal conviction for gross indecency for homosexual acts. Wilde's parents were Anglo-Irish intellectuals in Dublin. In his youth, Wilde learned to speak fluent French and German. At university, he read Greats; he demonstrated himself to be an exceptional classicist, first at Trinity College Dublin, then at Magdalen College, Oxford. He became associated with the emerging philosophy of aestheticism, led by two of his tutors, Walter Pater and John Ruskin. After university, Wilde moved to London into fashionable cultural and social circles. Wilde tried his hand at various literary activities: he wrote a play, published a book of poems, lectured in the United States and Canada on "The English Renaissance" in art and interior decoration, and then returned to London where he lectured on his American travels and wrote reviews for various periodicals. Known for his biting wit, flamboyant dress and glittering conversational skill, Wilde became one of the best-known personalities of his day. At the turn of the 1890s, he refined his ideas about the supremacy of art in a series of dialogues and essays, and incorporated themes of decadence, duplicity, and beauty into what would be his only novel, The Picture of Dorian Gray (1890). Wilde returned to drama, writing Salome (1891) in French while in Paris, but it was refused a licence for England due to an absolute prohibition on the portrayal of Biblical subjects on the English stage. Undiscouraged, Wilde produced four society comedies in the early 1890s, which made him one of the most successful playwrights of late-Victorian London. At the height of his fame and success, while An Ideal Husband (1895) and The Importance of Being Earnest (1895) were still being performed in London, Wilde issued a civil writ against John Sholto Douglas, the 9th Marquess of Queensberry for criminal libel. The Marquess was the father of Wilde's lover, Lord Alfred Douglas. The libel hearings unearthed evidence that caused Wilde to drop his charges and led to his own arrest and criminal prosecution for gross indecency with other males. The jury was unable to reach a verdict and so a retrial was ordered. In the second trial Wilde was convicted and sentenced to two years' hard labour, the maximum penalty, and was jailed from 1895 to 1897. During his last year in prison he wrote De Profundis (published posthumously in abridged form in 1905), a long letter that discusses his spiritual journey through his trials and is a dark counterpoint to his earlier philosophy of pleasure. On the day of his release, he caught the overnight steamer to France, never to return to Britain or Ireland. In France and Italy, he wrote his last work, The Ballad of Reading Gaol (1898), a long poem commemorating the harsh rhythms of prison life.
Primero que tengo que decir es que aunque sean en el fondo dos ensayos, vienen en forma de obra teatral, como un diálogo, rehaciendo el género al formato de diálogo platónico. Este formato es sugerente por la propia manera de entender el arte desde el punto de vista de Oscar Wilde. Esta obra me ha ofrecido sentimientos MUY encontrados: he odiado la opinión de los protagonistas o he creído que decían la verdad, me he aburrido (también porque citaba cuestiones de la época que desconozco o reflexionaba dando rodeos) o me he interesado muchísimo, me han gustado sus ejemplos retóricos o me han disgustado. Esto me ha hecho pensar: ¿es un dos, es un cuatro, si tuviera que poner notar? Tiene lo que Wilde propone y me sorprende: la obra literaria tiene que crear incomodidad. Lo ha conseguido.
En ambas obras se comparte una idea platónica del arte, aunque dándole una vuelta de una forma que es innovadora sobre todo en la primera, a pesar del idealismo hacia la idea de Belleza. En la primera quizás le da demasiada importancia a la crítica como creadora de arte, pero tengo que decir que el espíritu crítico de artista provoca en el arte un revulsivo, como él bien lo afirma; por otro lado, no veo necesario un profundo espíritu crítico para crear y que resulte una obra buena. Ese planteamiento es bastante idealista en algún momento. Esto inunda toda la obra de Wilde. El principio es un claro ejemplo de replica de lo que supone un error de un tópico: crear es mejor que conocer, y puede ser cierto parcialmente lo que defiende el otro protagonista (conocer sobre crear) en la contra, pero tampoco creo que lo contrario sea preferente. A mí Oscar Wilde a nivel creador no me sugiere tanto, por ejemplo, como me ha sugerido con sus teorías y en su proceso de crítico artístico o intelectual. Esto me daría a entender que, para mi punto de vista, no siempre saber o conocer es principio de saber crear o de ser capaz de crear. Porque, además, la creación es un proceso tan subjetivo como el de la preferencia estética. Aunque ayuda en todo esto. Por cierto, me he sentido muy cercano con Wilde porque me veo muy reflejado en su personalidad reflejada en estos protagonistas.
El segundo ha sido el que más me ha dado enfrentamiento y también momentos de coger a Wilde por el cuello o darle la razón al final, convencido o reafirmado. No creo que el arte se exprese por sí mismo, porque, precisamente, hemos visto el buen sentido de la crítica, que va más allá de la belleza (estética) que pone en el altar Wilde. El realismo es demonizado, y en parte podrían ser admitidas algunas críticas, pero están hechas en un idealismo romántico; y mucho más idealista me parece que la vida imita el arte, aunque es curiosa la reflexión. Creo que Wilde es muy sugerente por el propio proceso creador, por el que teoriza, la metaliteratura que se crea, y realmente ésa es la cuestión: el debate artístico o estético realmente es una cuestión subjetiva... Y es un proceso místico, incoherente, vivo, no uno meramente racional y objetivo, por lo que Wilde tendría cumplido su objetivo. Aunque lo siento, como creador no me gusta tanto como intelectual del arte. Y me pasa con Borges igual.
Vuelvo a lo mismo. Lo interesante de Wilde es su capacidad crítica y su erudición, pero noto soberbio y noto a Wilde que se columpia con sus opiniones, lo que me provoca su objetivo principal en su primera obra: incomodidad. Arte si eso se espolea por rabia o por competitividad. Esto es lo que me maravilla de Wilde. Disiento con él y sus postulados, pero demuestra la calidad que no he visto en sus cuentos... Pero ¿esto no es otra forma de arte? Pues sí y ha conseguido lo que no lo ha hecho con otras formas de ficción menos realistas. Es irónico...
Leer a Wilde a veces es un poco confuso porque no acabas de saber por dónde quiere ir hasta que ya estás exactamente donde él quiere. En este ensayo dialogado sobre el arte muestra sus reflexiones de una forma amena, donde claramente toma el lugar de uno de los interlocutores y donde el otro tiene la función de preguntar y rebatir lo que los críticos de la época podrían haberle rebatido a su reflexión. Además, encontramos en este libro dos partes: el Crítico como artista, que se divide en dos a su vez. Y la Decadencia de la mentira. En ambos ensayos expone su argumentación con ejemplos y al final de cada ensayo, sin perder el espíritu del diálogo, el interlocutor- crítico le pide al interlocutor-Wilde un resumen de todos los puntos tratados, ideal para fijar las ideas principales. Una forma genial de exponer un punto de vista distinto para la época sobre el Arte y su crítica.
«¿Y cómo puede importar con qué placer procura tentarnos la vida o con qué dolor trata de mutilarnos y estropearnos el alma, si en el espectáculo de las vidas de quienes nunca existieron encontramos el verdadero secreto de la alegría y lloramos sobre las muertes de quienes jamás podrán morir?»
Sin duda a nivel personal he amado casi todo el libro. Lo que comunica y transmite se quedara en mi mente y corazón, hay mucho valor en estas paginas para los interesados en la critica en todos sus aspectos.
Pero sus ejemplos parecen suponer la mayor parte del tiempo que ya conoces a que se refieren, lo cual puede causar que uno se pierda un poco y no capte todo el concepto que esta obra teatral/ ensayo quiere ofrecer. También el hecho de ser un hibrido de géneros se explota poco, ya que no es un debate tal cual sino un conjunto de monólogos de parte de Gilbert.
No me atrevería a aprobarlo, pero sin dudas es un texto al que le tendré cariño y respeto mucho tiempo. es entretenido, bueno a veces, y para algunos sin duda una obra maestra. Personalmente lo considero un imprescindible, pero siendo frío es un ensayo que no logra dar todo de si, y lo mismo en el aspecto teatral, una lastima.
Interesantes ideas, pero, qué forma más desordenada de expresarlas... Me lo he tomado como un entrenamiento para mantener la concentración al leer, porque de otra forma no se le puede seguir el hilo.
"La vida imita al arte mucho mejor de lo que el arte imita a la vida".Estos son las clases de libro que nunca acabas de guardar del todo en la librería y que forman parte de tu soporte, que se convierten en pilares para el día a día. Cuantas palabras fuerzas, expresiones certeras, ideas que son una ventana por abrir. Ver el arte como lo vió Oscar Wilde es todo un mundo nuevo por conocer que me abre los ojos hacía lo nunca visto...desde el punto de vista del crítico, desde el otro lado del espejo.