En estos relatos, escritos en su mayor parte entre 1950 y 1960, están ya los temas fundamentales que aparecerán posteriormente en toda la obra de ficción de Carmen Martín Gaite: la rutina, la oposición entre pueblo y ciudad, las primeras decepciones infantiles, la incomunicación, el desacuerdo entre lo que se hace y lo que se sueña, el miedo a la libertad.
Cuentos completos (1ª edición publicada en 1978 en Alianza) podría titularse Cuentos de mujeres, en palabras de la autora. Sus protagonistas suelen ser mujeres desvalidas y escasamente agresivas, personajes de una época en que las reivindicaciones feministas eran en España poco menos que inexistentes.
En esta edición de Anagrama (1994), además de los cuentos (1978) , se incluye el monólogo A palo seco, estrenado en 1987 en el Centro Cultural de la Villa de Madrid.
Carmen Martín Gaite (Salamanca 1925-Madrid 2000) se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Salamanca, donde conoció a Ignacio Aldecoa y a Agustín García Calvo. En esa universidad tuvo además su primer contacto con el teatro participando como actriz en varias obras. Se trasladó a Madrid en 1950 y se doctoró en la Universidad de Madrid con la tesis Usos amorosos del XVIII en España. Ignacio Aldecoa, cuya obra estudiaría posteriormente, la introdujo en su círculo literario, donde conoció a Josefina Aldecoa, Alfonso Sastre, Juan Benet, Medardo Fraile, Jesús Fernández Santos y Rafael Sánchez Ferlosio, con quien se casó en 1954. De esta manera se incluyó en la que sería conocida como la Generación del 55 o Generación de la Posguerra. Escribió su primer cuento, Un día de libertad, en 1953, aunque confiesa escribir desde los 8 años. Comienza su carrera literaria con El balneario obteniendo en 1955 uno de los premios literarios de mayor prestigio en España, el Café Gijón. Tres años después obtiene el Premio Nadal por su obra Entre visillos. Escribe dos obras de teatro, el monólogo A palo seco en 1957, que fue representado en 1987, y La hermana pequeña en 1959, rescatada en 1998 por el director de teatro Ángel García Moreno y estrenada el 19 de enero de 1999 en Madrid. Durante la década de los sesenta continúa cultivando la narrativa, con obras como Las ataduras (1960) o Ritmo lento (1963), pero es en los setenta cuando vemos la versatilidad de Martín Gaite. Publica sus dos ensayos sobre el proceso contra Macanaz además de su tesis, recopila su poesía en A rachas (1976), y la novela Retahílas, sale a la luz en 1974. También a esta década debemos su primera recopilación de relatos, Cuentos completos. Su faceta periodística se caracteriza por su etapa de redactora en los comienzos de Diario 16. Su matrimonio con Rafael Sánchez Ferlosio duró unos años antes de acabar en separación, en los cuales tuvieron una hija, Marta, a quien dedicó el cuento La reina de las nieves. Falleció antes que ella. Entre otros logros, Martín Gaite destaca por haber sido la primera mujer a la que se le concede el Premio Nacional de Literatura con El cuarto de atrás en 1978, y por haber ganado en 1994 el Premio Nacional de las Letras por el conjunto de su obra. Fue una de las personas más y mejor premiadas del mundo de la literatura; obtuvo el Príncipe de Asturias en 1988 compartido con el poeta gallego José Ángel Valente [1929-2000], el Premio Acebo de Honor en 1988 como reconocimiento a toda su obra, el Premio Castilla y León de las Letras en 1992, Medalla de Oro del Círculo de Bellas Artes en 1997, Pluma de Plata del Círculo de la Escritura otorgada en junio de 1999 y cuya ceremonia fue retransmitida por videoconferencia a través de Internet, algo sin precedentes, hasta aquel momento, en el mundo literario. Con su ensayo Usos amorosos de la posguerra española recibió en 1987 el Premio Anagrama de Ensayo y el Libro de Oro de los libreros españoles. Esta obra dispara sus ventas, y desde entonces las obras de Carmen Martín Gaite están siempre entre las más vendidas en España, siendo espectacular su éxito en la Feria del libro de Madrid, donde solía ser su obra de cada temporada la más vendida de la feria. Cultivó también la crítica literaria y la traducción destacando en autores como Gustave Flaubert [1821-1880], Rainer Maria Rilke [1875-1926] y Emily Brönte [1818-1848]; colaboró, asimismo, en los guiones de series para Televisión Española como Santa Teresa de Jesús (1982) y Celia (1989), serie basada en los famosos cuentos de la escritora madrileña Elena Fortún (1886-1952). Publica dos enormes éxitos de crítica y público, Lo raro es vivir en 1997 e Irse de casa en 1998, y en 1999 se publica
Leer a Carmiña es siempre tan placentero e inspirador. Me ha salvado de los precipicios más hondos y de los amores menos correspondidos, yo a esta mujer le tengo un gran respeto y es como mi refugio para escapar un poco de mis malos ratos.
Disfruté muchísimo de sus cuentos, son estos sus primeros escritos en su trayectoria de escritora y ya se entrevén mucho de los temas que posteriormente desarrolla. Gaite al igual que muchos escritores de su época había creído que el cuento era una especie de ensayo o terreno para tantear y experimentar la escritura. Pensaba que era una preparación para la novela, ignoraba -a la par que escribía estos cuentos- que se estaba adentrando en un género particular, con sus propios vericuetos y entramados. Deja sobre la mesa muchos temas e intereses que siempre tuvo; la rutina, la oposición entre la prisa y la calma, el tiempo en el pueblo y la ciudad, los ritmos de la vida, la importancia del diálogo. Todos quedan logrados pero no concluidos, pues posteriormente los toca en otros libros y eso me encanta. He hurgado entre su obra y me doy cuenta de que era una mujer muy creativa, que siempre trabajaba y escribía calcando un poco su forma de ser, casi siempre sus historias están pobladas de personajes que hablan mucho o que necesitan hablar más, un poco lo que ella siempre decía en sus conferencias o entrevistas. La búsqueda del interlocutor resumiría muy bien el tema central de toda su obra literaria. De verdad que esta mujer tiene toda mi admiración, verdadera literatura, mucha enjundia queda plasmada entre líneas.
Este libro reúne muchos cuentos que se leen volando, y no por pueriles o someros, sino por lo amenos que se vuelven cuando uno les da voz; con ella funciona bien leer en voz alta, hasta parece un ritual de teatro, como ella decía: la vida en sí misma es un teatro y uno tiene que representarla. Disfruté cada uno de los cuentos, aunque mis favoritos son: Ya ni me acuerdo, Las ataduras, La trastienda de los ojos y Tarde de tedio. Quedan ahí retratados temas interesantísimos como el miedo a la rutina, el pasado y el presente, la escritura como método de lucha contra el olvido.
Es impresionante Carmiña. Una luz siempre en la vida.
¿Cómo es posible que haga parecer fácil algo tan difícil? Porque quien se deje llevar por la aparente sencillez de la prosa de CMG y diga que su escritura es simple, es que no sabe lo difícil que es hacer lo que ella hace: no emplear ni una gota de tinta de más para contarte lo que te quiere contar. Es magistral.
Además me parece que el formato del cuento le sienta muy bien, me ha dado la dosis de experimentación que eché en falta en "Entre visillos". Aquí veo una CMG que quiere jugar a ser misteriosa pero honesta, onírica pero neorrealista, cruel pero indulgente. Por no hablar de la forma: muchos relatos los consigue narrar como el montaje natural de una película, eso sí qué no sé como lo hace...
Como no me puedo quedar con los mejores porque no me decido, voy a decir los dos que menos me han gustado y acabo antes: "Tarde de tedio" y "El balneario".