«El Concilio Vaticano II, qué duda cabe, ha sido un verdadero regalo del Espíritu Santo para la Iglesia. Y cada vez que nos vamos alejando en el tiempo de los años en que se realizó el Vaticano II, se aprecia con más objetividad el torrente de gracias que ha significado no solo para la Iglesia sino también para toda la familia humana, pues lo que beneficia a la Iglesia repercute en toda la humanidad.» Pbro. Dr. Carlos Rosell De Almeida