Το Φεβρουάριο του 1948. Ο Erwin Schrodinger έδωσε τέσσερις δημόσιες διαλέξεις στο Πανεπιστημιακό Κολέγιο του Δουβλίνου με τίτλο "Η φύση και οι Έλληνες ". Το περιεχόμενο αφορούσε τη σχέση της επιστήμης με την αρχαία ελληνική φιλοσοφία, τη διερεύνηση του μεγαλειώδους βήματος που συντελέστηκε στην ιστορία των ιδεών εκείνη την εποχή, την αποκαλούμενη εποχή "γέννησης της επιστήμης" - ένα θέμα εντυπωσιακό και διαχρονικό. Στο έργο του "Η Φύση και οι Έλληνες", ο Schrodinger ανιχνεύει χρονολογικά τα δύο βασικά αδιέξοδα της σύγχρονης σκέψης: τη ριζική διχοτομία μεταξύ θρησκευτικού και επιστημονικού λόγου, και την κρίση αυτογνωσίας που προκύπτει από την επαφή με τη Φύση. Μελετώντας τους προσωκρατικούς διανοητές, ο στόχος του Schrodinger δεν είναι απλώς διδακτικός και ιστορικός. Πάνω απ' όλα σκοπεύει να φωτίσει το παράδοξο της σύγχρονης επιστήμης, η οποία πιστεύει ότι προσεγγίζει την ολοκλήρωση της όσο περισσότερο κατανοεί το ανέφικτο του πράγματος. O μεγάλος πρωτοπόρος της θεωρητικής φυσικής είχε το ταλέντο - τη σπάνια ικανότητα - να διατυπώσει σε λιγότερο από εκατό σελίδες, αυτό που οι περισσότεροι συγγραφείς δεν κατάφερναν να εκφράσουν σε έργα με πέντε φορές μεγαλύτερο όγκο. Το έργο του "H φύση και οι Έλληνες" είναι μία από τις καλύτερες στιγμές της συγγραφικής δραστηριότητάς του. Επιπλέον, η έντυπη παρουσίαση των διαλέξεών του, είναι αρτιότερη από τα κείμενα των ομιλιών του, δεδομένου ότι έχει προσεχθεί ιδιαίτερα - από τον ίδιον - η πυκνότητα των ιδεών και ο κομψός τρόπος έκφρασης. (Από την παρουσίαση της έκδοσης)
Erwin Rudolf Josef Alexander Schrödinger, sometimes written as Erwin Schrodinger or Erwin Schroedinger, was a Nobel Prize-winning Austrian physicist who developed a number of fundamental results in the field of quantum theory, which formed the basis of wave mechanics: he formulated the wave equation (stationary and time-dependent Schrödinger equation) and revealed the identity of his development of the formalism and matrix mechanics. Schrödinger proposed an original interpretation of the physical meaning of the wave function.
He won the 1933 Nobel prize in physics with colleague Paul Adrien Maurice Dirac "for the discovery of new productive forms of atomic theory"
Nunca me gustaron las matemáticas cuando iba al colegio, pero con la edad encuentro algo mágico en ellas, supongo que hallarme en un entorno desconocido hace que deje que los números me sorprendan, así es la historia del ser humano, cuando no entiende algo busca respuestas en lo metafísico. Y llegaron los griegos y de eso va este libro. ¿Qué nos quedó como sociedad de aquello, qué había en la filosofía del mundo clásico que hizo que por primera vez quisieran ver el mundo con otros ojos, con ojos de científico? Voy subrayando el texto y a veces no sé exactamente porque he resaltado un párrafo del que apenas entiendo el vocabulario. La lectura nones fácil para los que no somos doctos en la materia pero te deja buen poso y se entiende el mensaje que el autor quiere hacer llegar. La ciencia no es infusa, o si, nada es definitivo, lo que si sabemos es que hubo personas, hoy considerados sabios y filósofos, que hace más de dos mil años pusieron los cimientos de la ciencia a base de preguntas simples que nadie antes había formulado.
En algún punto de la historia occidental dejamos de otorgarle a los dioses la responsabilidad de explicar los acontecimientos del mundo. Dejamos de asociar los fenómenos naturales a causas divinas y comenzamos a ver el mundo como un sistema de engranajes que, a pesar de su inmensa complejidad, podía llegar a ser comprendido a través de la observación y la medición. Las respuestas a nuestras preguntas sobre el universo dejaron de corresponderle a un dios y otorgamos a la ciencia la misión de resolver nuestras dudas.
La imagen científica del mundo puede entregarnos conocimiento acerca de muchísimos fenómenos o procesos, haciendo que todo parezca comprensible. Sin embargo, esta visión científica que nos permite ver el mundo como un mecanismo de relojería nos ha llevado a la desconcertante perspectiva de que existe un mundo externo, independiente de nosotros. Esto, aunque sea una idea asumida e incuestionada por la gran mayoría, es una simplificación de la realidad.
La ciencia simplifica el mundo para que lo podamos entender, pero en este proceso nos expulsa a nosotros mismos de la ecuación. Nos vemos como espectadores, observadores que nada tienen que ver con el mundo de “allá afuera”. Este paso importante de dejarnos fuera parece ser algo inofensivo y natural que nos permite entender la realidad como algo “objetivo”. Pero, aunque parezca evidente la idea de que existe un mundo real que nos rodea, no deja de ser solo una forma de entender la Naturaleza (aunque la más aceptada y expandida en Occidente) ¿Es realmente así? ¿Somos simples observadores de un mundo que existe de forma objetiva? ¿Cuáles son las consecuencias de esta forma de ver el mundo? Inevitablemente pienso en la percepción de lo bello y lo feo, lo bueno y lo malo, lo placentero y lo doloroso. ¿Por qué queremos entender el mundo sin considerar todo aquello que somos? ¿Acaso no son estas cualidades parte de la realidad?
Creo que la visión científica de la naturaleza, establecida en un inicio por pensadores griegos, nos ha permitido avanzar en muchos ámbitos, pero esta forma de entender la realidad no puede ser eterna. Llega un punto en que las preguntas vuelven a surgir y se hace urgente responderlas. ¿Podrá la ciencia algún día responder de dónde venimos y hacia dónde vamos?
La ciencia siempre necesitó (y sigue necesitando) gente como Scrodinguer para florecer. En algún momento leí que es mucho más difícil desaprender un método o hábito, que aprender algo nuevo. Y creo que en este librito se consigue rasguñar la idea de porqué el ser humano sigue lidiando con dar explicaciones satisfactorias a preguntar tan viejas, pues en esencia se ha erigido bajo el influjo de todo el conocimiento acumulado y le resulta imposible escapar de toda concepción osificada. Creo que este siglo sigue resintiendo la sacudida intelectual que significó la mecánica cuántica en un mundo donde la ciencia estaba convirtiéndose en la nueva religión, y donde se creía que podíamos dominarlo todo solo con el uso de la razón.
Se lo cogí a mi padre y lo he estado utilizando como relleno para los huecos en los que no tenia ningún libro para leer. Habla mucho de física y matemáticas pero al fin y al cabo es filosofía de la ciencia ósea que está guay. Pero nada del otro mundo.
Salvo el capítulo final no ofrece mucho. Este último capítulo avanza un poco sobre el problema del sujeto del conocimiento y la imposibilidad de la ciencia de dotar de sentido a la vida humana dejando el autor apuntadas las grandes preguntas existenciales.
Una especulación interesante acerca de las posibles intuiciones de los primeros atomistas sobre la realidad del universo. Schrödinger era un maldito genio.