Simultáneamente un orgullo y una depresión, pues se puede ver cuánto se ha perdido tanto en el periodismo venezolano como en la sociedad de la cual es reflejo. Incluso cuánto han perdido ciertos periodistas que hoy decidieron masturbar al poder en vez de vigilarlo. La crónica siempre encuentra comida en los más insólitos lugares, como una pensión en el centro, una rueda de prensa importante, un día sin agua (cortesía, esta, de un tal Gabriel García Márquez), la muerte de un presidente y la experiencia de emigrar (de la mano de Rafael Osío Cabrices). Hasta una escrita sobre Venezuela por John Updike (aunque creo que es la más floja de la colección). Impecable.