"¿Vienes? Me llega aquí, pues que suspiras,
un soplo de las mágicas fragancias
que hicieron los delirios de las liras
en las Grecias, las Romas y las Francias."
IDEM. Yo te entiendo, Rubén. Yo también estoy enamorado.
Todos los poemas exhiben una maestría digna de un, por ejemplo y comparación, Lugones.
Hay un preciosismo verbal que pinta mundos exóticos, que recuerda a los griegos y los une a los franceses. Un mundo en ensueño, un aire suave, amores orientales, princesas azules y hasta el Cid. En ese sentido, no se aleja mucho de su predecesor: "Azul..."
Aunque sí se aleja en cuanto a la ejecución ya que Prosas Profanas experimenta mucho con la versificación, de coplas, a seguidillas, a sonatinas, a Lays, de octasílabos a versos de Arte Mayor, alejandrinos y un florilegio de etcéteras.
Algunos poemas, sin embargo, en su ostentosa extensión y armatoste adjetival, caen pesados, necesito un alikal, me afectan como al que ingiere alimento en exceso.