CONJURO HEGELIANO PARA LA MALA SUERTE
El fin de la historia está en el retrete
y digo al hombre con mi palabra “vete”
alabando la espuma del retrete
no queda ya nada si no este atroz siete
cifra de la locura y de la muerte
que aceza en el poema, perseguido
por el can de la locura, y de la muerte
en donde yazgo peor que la mala suerte
diciéndole a la nada, “por favor, vete”.
Mi único pecado es haber muerto
es estar toda mi vida pendiente de la oscuridad
del terrible sueño de la muerte
en donde vampiros picarán en mi frente
ya hecha para nada, perfecta culminación
de una situación sin piedad
de un reino sin espíritu
en donde escribo el poema moviendo mis faldas.
Como Nerval me ahorcaré en el poema
y tendré por guarida el Barco de Nunca Jamás
donde nunca más estará la vida
y su sucia herida, sino el emblema
torpe de una tortuga, símbolo del tiempo
y de Dios, como el elefante o el cangrejo
o el caracol: porque Dios
tiene abierta en mí su herida
y aunque sólo sea un viejo
sé aún balancearme de un lado a otro
como si viviera.
No estoy contento de mí mismo
he incumplido la tarea de ser yo
he faltado a las normas del colegio
y no besaré ya más el culo de un gato
andaré ahora entre monos
como en el Laoconte de los monos
belleza perfecta hecha para ser sólo
el novio único de la nada.
LOCOS
Estoy aquí entre unos hombres
que sueñan con destruir el mundo
y quizá lo pongan en práctica
son heces tan sólo reunidas en asamblea
discutiendo acerca de la lluvia
y de los truenos
y, como el neurótico obsesivo
empuñan la luz de una vela
para esperar a que se acabe el mundo.