Málaga una ciudad que, por su propia distribución geográfica, había permitido el desarrollo de dos zonas antagónicas: el paraíso apacible de la colonia extranjera y española que residía en el elegante barrio de la Caleta -una parte de él es el Monte de Sancha-, y la pobreza y el sufrimiento de los obreros que habitaban los barrios más humildes, juega un papel determinante en la evolución del argumento. Margarita Bradley, personaje simbólico que encarna a toda su clase social, y Miguel, un artista proletario, quieren vivir su juventud y disfrutar de su particular historia de amor, sin ser conscientes de que sus vidas están irrevocablemente condenadas a estar separadas casi desde el mismo nacimiento.
Monte de Sancha fue publicado originalmente en 1950 y ya entonces constituía uno de los primeros testimonios en el que la Guerra Civil española aparecía desprendida de referencias imperiales y de un lenguaje mesiánico y providencialista elaborado para ensalzar las virtudes o atrocidades de un bando y otro. La intención de Mercedes Formica era la de destacar el surgimiento inesperado del horror, el instante en el que la vida de un ser humano deja de importarle a otro.
Las clases altas no vieron venir lo que les podía pasar, y desgraciadamente, muchos cayeron víctimas de la barbarie de la guerra sin ser partidarios de un bando u otro. Me ha interesado mucho la Malaga pre-Bélica, aunque es cierto que el libro no profundiza mucho en ello. Las sacas de las cárceles es una vergüenza que nunca debió pasar, ya que la justicia ha de establecerse a través de los tribunales y no por venganza o por ser de una clase social. El gobierno republicano miró a otro lado, por ello la Historia no debe hacerlos mejor que los fascistas, están al mismo nivel en este sentido. El libro narra en los episodios finales este hecho.
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A pesar del tiempo transcurrido, el aire de Málaga conservaba un olor penetrante a materia podrida”. Una novela que comienza con esta frase me tenía que interesar sin duda pero hasta hace unos años no atendí a Mercedes Formica. Escritora falangista, abogada y columnista de prensa, feminista impulsora de la reforma del Código Civil en favor de la mujer (o en menor perjuicio) en pleno franquismo. En 2001 yo andaba comenzando mi actual trabajo y el primer acto que acudí fue a la presentación de una nueva edición de ‘Un cortijo en Málaga’ de Marjorie Grice-Hutchinson. El milagro de ver aún viva a una señora testigo de la Guerra Civil (su padre, que tenía una casa en Churriana, trasladó a Gibraltar en su yate a diversos fugados republicanos) no me hacían sospechar que aún vivía en Málaga, muy cerca del cementerio inglés del que tanto escribió Marjorie, la autora de otro de los más peculiares libros sobre la guerra en esta ciudad junto con el de Gamel Woosley (‘Málaga en llamas’). Ahora que lo he leído muchos años después me he encontrado con una novela algo deslavazada pero con una estupenda capacidad descriptiva para utilizar simbólicamente la geografía de esta ciudad como quizás nadie lo ha hecho hasta Antonio Soler. La historia de las familias que viven la República en esa especie de acrópolis o edén que son los barrios residenciales del este de la ciudad se mueve entre el romanticismo y la reacción política y violenta a lo que ellos viven como una amenaza y llaman “la revolución”. Seguramente Mercedes Formica evolucionó desde 1950, año en el que se publicó la novela, pero que prácticamente no retocara el texto en la reedición de 1999 me hace pensar en que el personaje mas fascinante de todo esto seguramente era ella misma.