El estreno en Madrid de La conjuración de Venecia (1810) fue decisivo para la introducción y el triunfo del Romanticismo en España. El éxito de crítica y público obtenido por esta obra en su momento abrió el camino a la serie de representaciones de los grandes dramas históricos españoles.
Francisco de Paula Martínez de la Rosa Berdejo Gómez y Arroyo nació el 10 de marzo de 1787 en Granada, Andalucía. Fue político y escritor. A los doce años ingresó en la Universidad de Granada, y se graduó en Jurisprudencia en 1804. Al año siguiente ocupó la cátedra de Filosofía Moral en esa misma institución. Se sumó a las filas de los revolucionarios liberales durante la Guerra de la Independencia (1808-14) y fue diputado en las Cortes de Cádiz que aprobaron la Constitución de 1812 por lo que fue encarcelado tras el regreso de Fernando VII y el restablecimiento del absolutismo. Recuperó la libertad durante el Trienio Liberal (1820-23), en el cual asumió el liderazgo de la rama más moderada de los liberales (los «doceañistas») frente a la mayoría de «exaltados», e incluso encabezó el gobierno como ministro de Estado en 1822. Una nueva reacción absolutista durante la «Ominosa Década» (1823-33) le obligó a exiliarse en Francia. La regente María Cristina lo llamó para formar gobierno en 1834-35. En aquel periodo crucial, Martínez de la Rosa puso en pie un régimen de monarquía limitada con el primer Parlamento bicameral de la historia de España, reflejado en el Estatuto Real (1834). Buscando el apoyo de la opinión liberal a la causa de Isabel II contra las pretensiones al Trono de don Carlos, Martínez de la Rosa decretó la amnistía para los liberales encarcelados durante el periodo absolutista; pero, siempre en posiciones centristas, intentó también humanizar la guerra declarada contra los carlistas. Falleció el 7 de febrero de 1862, en Madrid. Su labor como escritor abarcó el periodismo, escribió en El español y El diario de Granada, publicación que él mismo fundó en 1808, y en el teatro y la poesía.
Este drama histórico estrenado en 1834 es pionero del Romanticismo. No cae en los excesos de otras obras teatrales románticas y es bastante más moderado y comedido que el posterior “Don Álvaro o la fuerza del sino” del Duque de Rivas y tiene un punto neoclásico. Tiene elementos típicos de esta corriente estética: amor imposible, época medieval, ambientación exótica, conjuración fracasada en lucha por la libertad (con resonancias contemporáneas tras la Década Ominosa absolutista del rey felón Fernando VII). Está escrita en prosa, se lee con fluidez y está bien construida en cinco actos. Tiene curiosas resonancias shakespearianas (Martínez De la Rosa admiraba al admirable Don Guillermo). El problema es que hoy en día me parece que es irrepresentable y totalmente fuera del gusto actual. Yo echo en falta la maravillosa música de Verdi, que podría haber adaptado muy bien esta obra (como hizo con otras obras cumbre del teatro romántico español: “El trovador” de García Gutiérrez y “Don Álvaro o la fuerza del sino” del Duque de Rivas). En su época el compositor, hoy olvidado, Ramón Carnicer, la convirtió en ópera. Sería interesante escuchar esta obra, pero me temo que me quedaré con las ganas. Terminaré comentando la edición de Cátedra que he manejado a cargo de María José Alonso Seoane. La larguísima, interminable introducción contiene algunos datos interesantes. Pero me parece un exceso que ocupe 170 páginas. Es todo un ensayo filológico solo apto para lectores especializados y muy interesados en la obra. He tenido la paciencia de leerla y admiro el trabajo, pero se puede saltar sin ningún problema.
Ha sido toda una sorpresa. Siempre suelo elegir novelas pero leer de vez en cuando teatro es un soplo de aire fresco. La obra te sorprende con unos giros argumentales bruscos pero también necesarios. Se entiende que fuera un éxito.
Tenéis que conocer la historia de Rugiero y Laura.
¿ALGUIEN HA PENSADO EN HACER UNA PELÍCULA DE ESTO? DRAMÓN. Pero yo fan, eh. Empezó con politiqueo aburrido (bueno, va de la conjuración de Venecia, tiene que haber politiqueo) pero una vez empieza el drama madre mía fan. Perdono a mi profesora por medio spoilearme el plot twist y el final, pero yo lo considero abierto porque LOS MILAGROS EXISTEN y pobre Rugiero que me cae bien el muchacho. Eso sí, le quito una estrella por el personaje de Laura que parecía lista pero acaba siendo una panoli. Osea esta chica no piensa.
Lo que comienza con un capítulo demasiado lioso en el que nadie se está enterando de lo que pasa, el autor romántico dibuja una trama de lo más simple y sencilla que, si no fuera por el girito digno de Shyamalan de las últimas diez páginas, sería una obra completamente olvidable (más allá de sus virtudes literarias e históricas). Pero en serio, es que la historia no puede ser más simple, el final no puede ser más apresurado -una vez descubierto el giro podrían haberle dado un poquito más de chicha y no despacharlo en cinco páginas- y los personajes parecen un chiste de los arquetipos de las épocas anteriores del teatro español.
Obra de teatro que, según la reseña, inicia la literatura romántica en España. Y, bueno, es así, romántica, con todo lo que eso significa. La conjuración de Venecia adolece de todos los tópicos del estilo: pasado histórico, intriga compleja, amor imposible y desesperado, cementerios, honor a ultranza, fatalismo... Una colección de asuntos desproporcionados que apuestan más por el efecto dramático que por la coherencia argumental y que dan finalmente en el melodrama. Pasó de moda, por fortuna.