"Si no has de permitir que tu corazón tierno trabaje un cupo diario de horas extraordinarias para sentirse fusilado en Grecia; si tu pulida frente no llega a golpearse contra el hierro y la roca de una cárcel distante mil o dos mil kilómetros; si no has caído nunca con la nuca partida por las balas que silban en un rincón del Asia: si no has notado nunca que se hielan tus huesos porque los fugitivos duermen en las cunetas; si no dejas a veces que tu estómago aúlle porque a las orillas del Ganges no hay arroz para todos; si no has sentido nunca tus manos desolladas cuando un hombre concluye su jornada en la mina; si no has agonizando cualquier noche sin sueño en la sala de un blanco pabellón de incurables; si tus ojos no crecen hasta los cuatro puntos de la tierra para encontrar las vetas del dolor escondido y aumentar los caudales represados del llanto; si no has muerto tú mismo solamente un instante, una vez tan siquiera, porque sí, porque nada, porque todo, por eso: porque el hombre se muere, entonces no prosigas. Al hoyo, y acabado."
Y esto ❤️:
"Que mis manos, quietas, no pongan roces en el aire tibio; que no rayen mis ojos ese pulido esmalte de las cosas ...
Respiraré el aliento de la tarde sola, sin voz: que acaso las palabras lastimen el purísimo silencio"
Título: Obras completas Autor: Ángela Figuera Aymerich Editorial: Hiperión
Después de leer toda la poesía de Ángela Figuera Aymerich, he de reconocer que tengo sentimientos enfrentados: el primero es una admiración absoluta; el segundo, una inmensa rabia por el desconocimiento de esta pedazo de poeta.
No voy a entrar en aspectos biográficos (os recomiendo leer sobre su vida, eso sí), pero me llama mucho la atención algo concreto. Cualquiera que sepa lo mínimo de poesía conoce a Blas de Otero y a Gabriel Celaya. Se estudian en secundaria, sus nombres se sitúan en lo poético. Junto a ellos dos, Ángela Figuera Aymerich forma el denominado “triunvirato vasco”. Sed sinceros y sinceras: ¿os sonaba su nombre?
Maestra, catedrática, empleada de la Biblioteca Nacional… y una de las grandes voces femeninas (y no solo destaca entre las mujeres, si es que alguien piensa que es necesario comparar la poesía escrita por hombres con la escrita por mujeres) de la poesía social. Una figura trascendental en la poesía en castellano que, sin embargo, apenas se conoce. ¿No os parece muy triste?
Yo no la conocía hasta que pude acudir, invitado, al concierto de Valderrama en el Circo Price, concierto de su disco “Mujeres de carne y verso” (“Mujer de carne y verso me declaro,/ pozo de amor y boca dolorida,/ pero he de hacer un trueno de mi herida/ que suene aquí y ahora, fuerte y claro”, en versos de la propia Ángela Figuera Aymerich en su poema “Aunque la mies más alta dure un día”), con poemas cantados que forman parte de la antología poética femenina en lengua castellana con el mismo nombre, realizada por Manuel Francisco Reina (ojalá esta antología ocupara, también, el lugar que merece). Uno de los temas cantados por Valderrama, introducido y acompañado con música de piano, es “No quiero”, con versos del mismo poema, de Ángela Figuera Aymerich. Lloré al escucharla. Literal. A partir de ahí, busqué su poesía y la leí hasta que me hice con estas obras completas, que he leído y disfrutado como lo he hecho con pocos, muy pocos libros. Qué maravilla. De verdad. Qué absoluta maravilla.
La obra de Ángela Figuera Aymerich consta de los poemarios:
• Mujer de barro. • Soria Pura. • Vencida por el ángel. • El grito inútil. • Víspera de la vida. • Los días duros. • Belleza cruel. • Toco la tierra
Y los poemarios infantiles (que dejo para otra reseña):
• Cuentos tontos para niños listos. • Canciones para todo el año.
El libro incluye, también, números poemas suyos no recogidos en poemarios.
Hablaría durante horas sobre la poesía de esta poeta, que ya es, sin duda, una de mis poetas favoritas y a quien recomendaré siempre que pueda, además de volver a ella muy a menudo. Por suerte para vosotros y vosotras, no voy a hacerlo. Solo espero que, si os apetece leer buena poesía, acudáis a “la Aymerich”. Como he dicho algunas veces (con el propio Manuel Francisco Reina, con Gloria Fuertes o con Paca Aguirre o con una autora actual que acabo de conocer y me encanta, Raquel Lanseros) os haréis un regalo si leéis a esta autora.
Sin más, voy a mi análisis de estas obras completas.
Puntos fuertes:
El amor “a primera vista”: como habéis leído, fue así. Y, podéis creerme, es amor verdadero.
Conocer la historia de la autora: nacida en 1902 y madre en pleno estallido de la Guerra Civil Española, la vida de Ángela Figuera Aymerich es apasionante. Si tenéis un rato, investigad un poco sobre ella.
Poesía infantil: aunque, como he dicho ya, dejaré sus dos poemarios infantiles para otra reseña, me encanta que haya autoras de la talla de la que nos ocupa que se lanzó (movida por el nacimiento de su nieta) a escribir poemas para niños. Como ya he dicho en alguna ocasión, y con toda la admiración que siento hacia ella, hay mucha más poesía infantil en castellano lejos de Gloria Fuertes. Y, para muestra, un botón.
Lo que más me ha gustado: aunque su libro más celebrado y más conocido es “Belleza cruel” (que es un libro espectacular), me quedo con su último poemario, “Toco la tierra”, donde su poesía hace un buen repaso de alguno de los males del mundo, de “la tierra” como raíz de la humanidad y, particularmente, de la femineidad, de lo maternal. Además de ese “No quiero” (que es brutal), os dejo versos de otros poemas incluidos en este poemario tan desgarrador:
SEGUIR
Muchos por ti mataron, tierra mía. Hicieron de sus huesos plomo airado y mataron por ti. Convirtieron su dulce corazón en fiera lanza y mataron por ti. Ardieron de amor y de furor hasta los ojos, y mataron por ti. […]
ESTAMOS VIENDO TODO LO QUE PASA
Hacia los treinta y tantos años de mi edad Éramos los poetas tan felices. teníamos el cielo en la ventana, estrellas que meter en los bolsillos, cumbres al sol para tender la ropa, noches y mar para mecer los sueños, los bosques al extremo de la calle con mirtos y laureles para tejer coronas y ceñirlas. […] ¿Quién nos sajó los párpados, quién puso todo nuestro sentir en carne viva? Porque ahora vemos todo lo que pasa.
Y nos lastima el suelo que pisamos y es una llaga el tacto más ligero. Los muertos se nos cuelgan de los hombros y ocupan nuestra almohada por la noche.
Los vivos nos exigen sangre a diario y vienen a beberla en nuestra boca. […]
No me digáis que no son absolutamente bestiales…
Lo que menos me ha gustado: además de esa tristeza por saber que, en gran parte por ser mujer, no se conoce lo suficiente a una de las mejores poetas que nuestro país ha dado (y lo digo con pleno convencimiento), y por poner algún pero, su libro “Soria pura” no me ha gustado mucho. Cuando leo poesía suelo buscar amor, desamor, dolor, sufrimiento, temas sociales, emociones… La poesía sobre lugares no me gusta, así que este en concreto no me ha gustado apenas.
¿Conocéis a la autora? Si no es así, ¿buscaréis leer algo suyo?
¡Un abrazo!
“Si la verdad se hallara en los periódicos y se callaran de una vez los necios y hablaran los poetas en la calle”. Paca Aguirre en “La vida más bonita”
Solo daré este poema como resumen del libro y de la obra de Figuera:
No quiero que los besos se paguen ni la sangre se venda ni se compre la brisa ni se alquile el aliento. No quiero que el trigo se queme y el pan se escatime.
No quiero que haya frío en las casas, que haya miedo en las calles, que haya rabia en los ojos.
No quiero que en los labios se encierren mentiras, que en las arcas se encierren millones, que en la cárcel se encierre a los buenos.
No quiero que el labriego trabaje sin agua que el marino navegue sin brújula, que en la fábrica no haya azucenas, que en la mina no vean la aurora, que en la escuela no ría el maestro.
No quiero que las madres no tengan perfumes, que las mozas no tengan amores, que los padres no tengan tabaco, que a los niños les pongan los Reyes camisetas de punto y cuadernos.
No quiero que la tierra se parta en porciones, que en el mar se establezcan dominios, que en el aire se agiten banderas que en los trajes se pongan señales.
No quiero que mi hijo desfile, que los hijos de madre desfilen con fusil y con muerte en el hombro; que jamás se disparen fusiles que jamás se fabriquen fusiles.
No quiero que me manden Fulano y Mengano, que me fisgue el vecino de enfrente, que me pongan carteles y sellos que decreten lo que es poesía.
No quiero amar en secreto, llorar en secreto cantar en secreto.
No quiero que me tapen la boca cuando digo NO QUIERO…
Porque, amigas, os pasa que os halláis en la vida como en una visita de cumplido. Sentadas cautamente en el borde de la silla. Modosas. Dibujando sonrisas desvaídas. Lanzando suspirillos rimados, como pájaros bobos.
Pero ocurre que el mundo se ha cansado de céfiros aromados, de suaves rosicleres o lirios, y de tantos poemas como platos de nata.
Levantaos, hermanas. Desnudaos la túnica. Dad al viento el cabello. Requemaos la carne con el fuego y la escarcha de los días violentos y las noches hostiles aguzada de enigmas. No os quedéis en el margen. Que las aguas os lleven sobre finas arenas o afilados guijarros. Que os penetren las sales. Que las zarzas os hieran. Y, acerando la quilla, remontad la corriente hacia el puro misterio donde el río se inicia.
Id al húmedo prado. Comulgad con la tierra que se curva esponjada de infinitas preñeces, y dejad que la vida poderosa y salvaje os embista y derribe como un toro bravío al caer sobre el anca de una joven novilla.
No queráis ignorar que el amor es un trance que disloca los huesos y acelera las sienes; y que un cuerpo viviente con delicia se ajusta al contorno preciso donde late otro cuerpo.
No queráis ignorar que el placer es el zumo de las plantas agrestes que se cortan con prisa; y el pecado una línea que subraya de negro lo brillante del goce.
No queráis ignorar que es el odio un cuchillo de agudísimo corte que amenaza las venas; y la envidia una torva dentadura amarilla que nos muerde rabiosa cada fruta lograda.
No queráis ignorar que el dolor y la muerte son dos hienas tenaces que nos pisan la sombra y que el Dios de las cándidas estampitas azules es un alto horizonte constelado de espantos que en la oculta vertiente de los siglos aguarda.
Eva quiso morder en la fruta. Mordedla. Y cantad el destino de su largo linaje dolorido y glorioso. Porque, amigas, la vida es así: todo eso que os aturde y asusta.
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HABLA
Habla, Señor, sacude este marasmo de ciénaga podrida que me envuelve.
Bate, en el hierro frio de mi pecho con rudos golpes. Puéblame la sangre, que va dormida, de acuciantes ansias. Hiéreme la corteza indiferente de los costados con aguda espuela. Truena violento sobre mí. Camina las aguas turbulentas de mi espíritu. Arde en mi corazón como en la zarza. Brama junto a mi sien. Relampaguea en la cansada noche de mis ojos.
Habla, Señor, no esperes que el silencio suba en marca espesa hasta mi frente. Entonces quedaré como de piedra, muda y helada y todo será en vano. No esperes que el dolor deje mi pecho vacío y apagado como un cráter. No esperes que la muerte desmenuce la greda inconsistente de mis huesos.
Habla, Señor, en vivo he de escucharte. He de saberte en mí para saberme fruto de Ti y hechura de tus manos. ¿Cómo sentirme cierta si te ignoro? ¿He de crearte a ciegas, si Tú callas, para afirmar que un día me creaste, que tuve en tu palabra mi principio?
Habla. Señor, descúbreme tu rostro aunque me aterre y tiemble hasta los tuétanos. Haz que te sufra. Rompe, pisotea mi frágil estructura hasta rendirla al peso de tu cólera. Prefiero arder en tu presencia y consumirme a ser escoria fría que tus ojos olvidan en el borde del camino.
Ángela es capaz de transmitir a la perfección sus sentimientos, su maternidad, su dolor, su felicidad e incluso el cariño hacia sus nietos escribiéndoles cuentos "tontos" a la perfección. Me suele costar bastante empatizar con según qué poetas pero con Ángela ha sido casi un flechazo. He devorado, sentido e incluso me ha emocionado más de un poema. Qué triste que no sea estudiada junto a Blas de Otero y Celaya en las escuelas porque su visión femenina de la época es muy interesante cuanto menos. Sin lugar a dudas, se convierte en una de mis poetas favoritas.
En contra de la creencia general, que caracteriza el tiempo de la dictadura franquista como un páramo cultural, en el que no hubo actividad digna de mención, nos encontramos con la obra de esta poetisa. En sus distintos poemarios vamos a encontrar desde un lirismo centrado en la maternidad hasta una poesía social que protesta y se lamenta por la situación de los españoles durante la dictadura. Honda, sentida, en momentos preciosista... Muy bien prologada e ilustrada. Un auténtico placer.
Selección: Mujer de barro: 4,5 Vencida por el ángel: 5 El grito inútil: 4,5 Los días duros: 4 Víspera de la vida: 4 Belleza cruel: 5 Toco la tierra: 4
Posiblemente una de las mejores poetas españolas del siglo XX. Reivindicativa y transgresora, y con un estilo contundente y sumamente cuidado. Muy recomendable.
«Y lloro (no hay remedio, soy idiota) con toda buena fe y a todo riesgo. Como si a mí me fuera o me viniera. Como si no estuviera tan a gusto en mi casa»