La presente edición posee el mérito excepcional de reunir dos ensayos capitales, el primero, de William Hazlitt (1778-1830), sirve de inspiración al segundo, de Robert Louis Stevenson (1850-1894), a manera de una variación musical; así dos grandes plumas coinciden en un mismo tópico -cada una con su particular interpretación- y lo consagran y convierten para siempre en un tema "el arte de caminar".
William Hazlitt (1778-1830) was an English writer, remembered for his humanistic essays and literary criticism, and as a grammarian and philosopher. He is now considered one of the great critics and essayists of the English language, placed in the company of Samuel Johnson and George Orwell, but his work is currently little-read and mostly out of print. During his lifetime, he befriended many people who are now part of the 19th-century literary canon, including Charles and Mary Lamb, Stendhal, Samuel Taylor Coleridge and William Wordsworth.
Hazlitt was the son of the Unitarian minister and writer, William Hazlitt, who greatly influenced his work. Hazlitt's son, also called William Hazlitt, and grandson, William Carew Hazlitt, were also writers.
Librarian Note: There is more than one author by this name on Goodreads.
Bonito y sencillo. Claramente Hazlitt fue amigo de Coleridge y Wordsworth porque hubo mucho “come forth into the light of things, let nature be your teacher”…
Cuando se trata de describir la naturaleza, valoro el lenguaje poco rebuscado de algunos románticos ingleses porque me ayuda a sentirla más cercana. Sin embargo, difiero con algunos planteamientos de Hazlitt. A diferencia de lo establecido en su ensayo, no considero que el "mundo al aire libre" deba explorarse únicamente en soledad: para mí, la experiencia compartida de lo natural es prueba de nuestro fuerte vínculo, evidencia de que te amo (“If you have ever gone to the woods with me, I must love you very much” diría Mary Oliver).
Lejos de lo que no me pareció, me resulta tremendamente importante darle razón[es] al verbo. ¿Para qué caminamos, entonces? Para fomentar la experiencia sensible, para soñar, para hacer poesía, para aprender a mirar, para acercarnos al otro y a nosotros mismos, para viajar, para crear, para entender que no entendemos nada… Un largo etcétera que iré descubriendo con la acción misma.
“…por una vez denme una tregua con la impertinencia; denme el claro cielo azul sobre la cabeza y el prado verde bajo los pies, un camino sinuoso y una caminata de tres horas antes de cenar… ¡y luego a pensar!”
dos breves ensayos filosóficos sobre—más que caminar, incluso me atrevo a decir—pasear.
hace no mucho, mi abuelo me platicaba que él rápido desistió de cazar junto a otros hombres debido a que muchos lo tomaban como excusa para platicar o agarrar la borrachera. me decía que para cazar hay que ir en silencio, presente y concentrado en lo que uno está haciendo.
él siempre ha sido un hombre solitario, pero queda claro que nunca se siente sólo mientras tenga el campo para caminarlo, sus animales para acompañarlo. mi abuelo apenas cursó hasta tercero de primaria—su prosa es inexistente. lo bueno que para ser poeta lo único que uno requiere es ser humano.
si mi abuelo tuviera las herramientas necesarias para hacerlo, no dudo que hubiera escrito muchas de las mismas cosas que escribieron estos dos autores en este librito.
lectura amena—no dudo será una que repetiré múltiples ocasiones y cada vez la llore diferente.
“nos burlamos del prejuicio y hacemos fallar toda conjetura y, siendo así para otros, empezamos a ser objetos de curiosidad y asombro también para nosotros mismos.”
Se trata de dos ensayos filosóficos sobre (justamente) el arte de caminar. Ambos, tanto Stevenson como Hazlitt resaltan la importancia de caminar a solas y, si bien no me parece la única manera posible de nutrirse con un paseo, sí me parece fundamental reservar esos espacios en soledad: "Nunca estoy menos solo que cuando estoy a solas" W. Hazlitt. Retoman aspectos como liberarse del peso de las preocupaciones por las opiniones ajenas, la importancia de libar al máximo el tiempo presente, de dejar descansos y vacíos en nuestra mente, de la riqueza que implica desencadenarse de los grilletes de la cuenta del tiempo (eso Stevenson lo desarrolla de una forma preciosa), de la sensación de infinita libertad que te otorga la contemplación de un paraje. Mucho más que un libro para pasar el rato, es un material que desencadena la reflexión y abre el apetito para continuar disfrutando de todas las maravillas que nuestras piernas pueden llevarnos a disfrutar.
Dos ensayitos filosóficos preciosos sobre dar paseos. La práctica de la caminata invita a reflexionar sobre la belleza de la naturaleza, la observación, la libertad, la meditación, el silencio, soltar la identidad y el tiempo, los límites del entendimiento y el viaje. Con tan poquitas páginas me antojaron salir a dar largas caminatas, a mochilear, a vivir sin tiempo, a observar, a releer a Kant y hasta tengo ganas de abandonar la ciudad y vivir en el campo.
Es un libro muy bonito y sencillo de leer. El libro contiene dos ensayos filosóficos, por lo cual no hay que esperar más de ellos, como elementos científicos o de otro tipo. En conclusión, es un buen libro para pasar el rato.
"Denme el claro cielo azul sobre la cabeza y el prado verde bajo los pies, un camino sinuoso y una caminata de tres horas antes de cenar... ¡y luego a pensar! Raro será que no pueda yo comenzar algún juego en estos brezales solitarios. Río, corro, salto, canto de alegría".
"Esta es una frase que puede dejar atónito a cualquier pobre moderno, por todas partes rodeado de relojes y sonidos, y obsesionado, por carátulas llameantes".
La frase anterior fue escrita por allá de los 1800 y es increíble pensar en lo certero y adecuado que ese fragmento resulta en nuestra vida actual: llenos de tanto por hacer que no nos damos el tiempo de apreciar lo natural y bello de esta vida, perdidos en ir siempre en marcha con el reloj...
Dos ensayos luminosos, armónicos plenamente detectables que evocan en universo del caminante. De Hazlitt, el elogio del caminar va de mano de una poética de la vida que conecta el campo y la ciudad. Es tan evocativo que dan ganas de inmediato salir a explorar.
Aunque la triste realidad (por el nuevo coronavirus y la compleja estructura urbana) del siglo XXI nos limita a la ensoñación. Por otro lado, si uno aún tiene dudas, Stevenson nos dice que Hazlitt es tan bueno que hay que multar a los que no lo hayan leído.
El ensayo de Stevenson está basado en el de Hazlitt pero tiene vida por sí mismo. Ambos se leen de un tirón y en ellos la prosa reflexiva desborda el gusto personal.
Caminar como leer no se hace por obligación, cada una en su dimensión son fuentes inagotables de felicidad. Por eso, apenas se agota la lectura de estos ensayos hay que salir a fatigar las calles, aunque eso sí, con mucho cuidado.