Agapi mu tal vez sea la única forma de expresar el sentimiento amoroso en los bordes de la desdicha. Seferis en más de una ocasión señaló el inmenso dolor de la lengua griega, la constatación –casi macabra- de un idioma condenado al resguardo de la memoria, por ello el título de esta obra no es casual. Luis González de Alba nos cuenta una historia de amor que recorre las riberas del lago de Como y las intermitentes calles de la ciudad de México. El amor filial y las pasiones desatadas encuentran cobijo alrededor de certezas que se van desvaneciendo en el vértigo del fin del milenio, entre bares para hombres y amores imposibles. En Agapi mu encontramos todas las acechanzas de un mundo complicado en su ambigua modernidad. El sida y los amores golpeados por su irremediable sentencia dan cuenta de una historia que recorre las angustias y los sinsabores de una generación condenada a todas las desgracias.
Escritor mexicano, periodista y divulgador de la ciencia. Ha publicado novela, cuento, ensayo, poesía y artículos en diarios y revistas. Fue integrante del Consejo Nacional de Huelga, que encabezó el Movimiento estudiantil en México de 1968. El 2 de octubre de ese año fue aprehendido en Tlatelolco. Estuvo recluido en la cárcel de Lecumberri, ubicada en México, D.F., donde escribió su primera novela, Los días y los años, un relato del movimiento del que tomó parte.
En 1975, junto a la activista y directora teatral Nancy Cárdenas y al escritor Carlos Monsiváis, impulsó el primer manifiesto en defensa de los homosexuales, publicado en la revista ¡Siempre!.
Fue fundador del diario La Jornada, de los partidos Socialista Unificado de México (PSUM), Mexicano Socialista (PMS) y de la Revolución Democrática (PRD). No milita en ninguno. Publicó durante más de una década la columna La ciencia en la calle en el diario mexicano La Jornada. Publica semanalmente sus colaboraciones en Milenio Diario, dedicada al análisis político y la divulgación de la ciencia. En esta última área obtuvo en 1997 el Primer Premio Nacional de Periodismo.
Una novela interesante, pero con un final descabellado. González se centra en la relación amorosa entre dos hombres, siguiéndola desde la primera vista hasta la complicada separación. El explora varios temas interesantes como el efecto de la diferencia de clase entre los amantes o el deseo de ser el amante que uno quisiera haber tenido en otra edad. La obra se desarrolla con muy buen estilo y una prosa casi poética en momentos. Lamentablemente, el final parece seguir al pie de la letra esas reglas de la literatura de cierta época que obligan un final horripilante para todo hombre gay.
Quizá habría que situarla en la época en que se escribió, pues ahora la sentí llena de clichés. En una de esas se podría considerar casi "costumbrista", jejeje. De cualquier manera se lee fácil, tiene partes muy buenas y permite de repente revivir la época en que la Zona Rosa y la Ciudad de México eran otra cosa. Sin duda, no la obra mejor de Luis, pero sigo admirándolo mucho, mucho, mucho...
Este no es el mejor libro que he leído de Luis González de Alba y, sin embargo, que pedazo de narrador. El primer gran mérito de esta novela no es literario, sino temporal: estamos hablando de un texto que habla abiertamente del Sida, de relaciones abiertas, de parejas serodiscordantes o puntos de encuentro cuando fue empezando la década de los noventa que se publicó, por lo que, de cierta manera es una obra pionera en el campo. El autor tiene una gran habilidad para escribí sobre los sentimientos humanos y en ese sentido da al protagonista una personalidad muy bien construida. Pero, no logra una novela "redonda": el tufillo erudito que rodea a David llega al extremo de ser chocante, hasta poco creíble. La historia de David y José se cicla al final de la relación al punto que se vuelve aburrida la lectura (que, por otro lado ¿Quién no se ha quedado paralizado después de terminar una relación que no querías que se acabara?). Y hacia el final, cuando la historia de Enrique ya había sido concluida, vuelve a hacer mención de la enfermedad de una forma tan forzada e innecesaria (para la historia, me refiero) que se siente como un error de novato o un descuido en la revisión final. Ya en los últimos capítulos, hay una afortunada vuelta de tuerca que nos lleva a un desenlace brutal y (con perdón de los amantes de los finales felices) VEROSÍMIL que para mí deja claro que el autor sabía que el mejor final no es el que al escritor le gustaría, sino el que conviene a la historia, el que salva la verosimilitud.
El personaje principal acaba siendo Enrique y sus dos grandes amores. El viejo lo pierde por la enfermedad, y al segundo por no poder hacerlo formar parte de su mundo. Varios hilos de la trama se centran en el abismo que pertenecer a clases sociales distintas causa en una relación entre hombres, y el rol que adoptan los personajes en su relación que especialmente con Enrique y José tiende a lo paterno. Hay referencias interesantes a la cultura griega, y a la escena gay en la zona rosa durante ese tiempo. Es cierto que está lleno de clichés, pero hay momentos del libro muy bien logrados.
He leído comentarios no tan favorables en relación a que el libro está lleno de clichés, no obstante esos clichés están ahí por qué Luis González de Alba no lo hace de forma gratuita, tiene un por qué, quizá una crítica, el querer señalar y hacer visibles conductas que hasta el día de hoy continúan en la comunidad LGBT y que para muchos parecen darles incluso una identidad. Que en los años 70-80’s eran una expresión de libertad y reafirmación ante la sociedad que nos discrimina. Hoy habría que replantearse por qué actuamos así, ya que el estereotipo continúa... En una mínima parte persiste y sobrevive la obra del gran Luis González de Alba, cuya vida y obra en conjunto es un “indispensable” para entender la modernidad LGBT+ en México e incluso más allá, a la sociedad mexicana. Espero un día su obra sea revalorada.
Excelente memoria de la vida gay de finales del siglo pasado. Una historia de amor, obsesión y fanatismo. Realmente llega al corazón cuando lo comparas con tus vivencias. La sensibilidad de González de Alba como un eterno marinero, nos lleva a través de muchos viajes (internos/externos). No me agradaron ciertos comentarios en contra de la feminidad, pero supongo que eran parte de la época.
Este ha sido uno de los pocos libros que he dejado de lado antes de terminarlo, no logré identificarme con ninguno de los personajes. Tal vez si lo hubiese leído hace 20 años lo habría disfrutado en su totalidad ya que los diálogos se sienten viejos, llenos de clichés.