“Yo hubiera podido ser la mujer que encontró las cartas; o la que las escribió. He cambiado detalles, he inventado otros, he añadido un personaje. La ficción siempre mejora lo presente”
Los pequeños textos de este libro son episodios recuperados del pasado, recuerdos frágiles, compartimentados, alterados probablemente, tocados por la imaginación y el paso del tiempo. Leía este libro y se me aparecian ecos de otros libros suyos como Desarticulaciones o Vivir entre lenguas y con esos pequeños diálogos los relatos de este libro adquirían otra fuerza y otro sentido, algo así como seguir completando una imagen qué se viene tejiendo, aunque de forma independiente, entre sus libros.
Reconozco que este tipo de lecturas a veces resultan algo complejas de evaluar en su conjunto, hay relatos que llegan más, hay otros que se sienten más distantes o extraños y hasta podría haber otros que dan igual y pasan desapercibidos. Siempre me resulta agradable leer a esta Molloy, escribe lindo y particularmente me guardo este libro como un gran ejemplar si pienso en “leer para escribir”. La autora en cada uno de sus textos nos abre diferentes posibilidades de narrar un recuerdo, de traerlo de lejos, recuperarlo y ¿por qué no? agregar algunos ingredientes