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274 pages, Kindle Edition
Published February 23, 2016
Durante mi infancia, los domingos solía ir con mi familia a una playa. Mi hermano y yo la llamábamos la playa de las arenas gordas porque sobre el manto de arena fina se sucedían cúmulos de arena gruesa.
Hay varios tipos de glúcidos. Los más sencillos son los monosacáridos, que están presentes en muchas frutas y vegetales, tienen sabor dulce y se disuelven en agua. Entre ellos se encuentran la glucosa, la fructosa, la ribosa y la galactosa.
Los disacáridos son glúcidos que resultan de la unión de dos monosacáridos por pérdida de una molécula de agua. También son dulces y se disuelven en agua. Los más importantes son la sacarosa, que se obtiene de la unión de glucosa y fructosa y es el componente único del azúcar común -el que se extrae de la remolacha o de la caña de azúcar-, y la lactosa, formada por la unión de glucosa y galactosa, y que se encuentra de forma natural en la leche.
Los polisacáridos se componen de más de diez monosacáridos unidos entre sí, que conforman largas cadenas. No se disuelven en agua y no tienen sabor dulce. Los más conocidos son el almidón, la celulosa y el glucógeno. El almidón contiene miles de unidades de glucosa unidas entre sí, de dos formas diferentes, denominadas amilosa y amilopectina. El almidón se almacena como reserva energética en semillas y tubérculos, de ahí que sea el ingrediente fundamental de harinas, pastas, cereales, el arroz o la patata. La celulosa resulta de la unión de entre 1000 y 3000 unidades de glucosa. Su función es construir el material estructural de las plantas. Es el componente principal del algodón, la madera y la paja. El glucógeno está formado por más de 1000 unidades de glucosa ramificadas, y se almacena en el hígado y en los músculos como reserva energética.