López Cuadras se ha posicionado como uno de mis autores favoritos por su magistral pluma: desde los espacios en los que inserta sus historias, sus personajes tomados del cotidiano y del vulgo, la misma historia que cuenta y cómo nos adentra en su universo literario.
Mi encuentro con Macho profundo fue motivado por un ensayo para una materia de la universidad en el que pretendo analizar la masculinidad hegemónica que permea al protagonista de esta obra. Un tema evidente desde las primeras páginas.
La historia se centra en dos borracheras (como son llamadas cada parte) del protagonista con un amigo muy cercano al que le cuenta sus aventuras de infiel con una de sus alumnas de la universidad.
La ejecución es muy buena, como suele ser la obra de Cuadras, pero simplemente me cansaba la obsesión del protagonista por su ex alumna. Aún así, rescato muchísimos temas de los que habla con Morsa (su amigo) como el deseo, la literatura, la filosofía, el feminismo, el machismo y la busqueda de un mejor futuro.
Otro libro de netas que, a pesar de su aparente sencillez, maneja ideas profundas sobre la siempre difícil relación entre hombres y mujeres. López Cuadras no teme al lenguaje y, aunque muchos puedan considerarlo procaz, la historia no podría haberse contado de otra manera. Además, se luce con un número tremendo de reflexiones metaliterarias sobre el oficio de escribir, la literatura erótica y otras cosas de interés. Dos borracheras que dicen mucho sobre nosotros.
Algo que me fascina de Cuadras es como logra exponer ideas y diálogos profundos e interesantes en situaciones cotidianas y, a veces, bochornosas. Macho profundo es un excelente ejemplo pues las borracheras de un maestro de universidad con un íntimo amigo en las que recuerda las noches de aventura con una ex-alumna dejan en evidencia debates sobre la masculinidad, la hombría, la infidelidad, la literatura, la filosofía, el feminismo, etc. Con cada libro que leo deo del autor, me dejo maravillar cada vez más por su intelecto y acervo literario, pues se encarga de plasmarlo en cada uno de sus productos literarios. La voz narrativa estaba construida de una manera impecable, como un actor que nunca se sale de personaje. A veces llegaba a ser tediosa o algo incómoda, pero eso mismo era lo que demandaba el libro: exhibir una voz masculina de la época con sus características y prejuicios. No es un relato tan elaborado como La novela inconclusa de Bernardino Casablanca, mi título favorito hasta el momento, pero es una lectura que complementa los ejes temáticos del autor.
En su desfachatada brevedad no dejará indiferente a nadie, profundamente actual. Te reirás, porque la ficción tiene la soberana virtud de poder tomar a la ligera a un personaje que en la vida real, lo aborrecerías.
La historia me hacia reír, está escrito en lenguaje muy coloquial y presenta una realidad dolorosa en la sociedad: el macho aberrante que considera a las mujeres sólo como objetos.