Ricardo Strafacce es un escritor y abogado argentino. Desde fines de los años noventa ha publicado más de una docena de novelas cortas, que han ganado el reconocimiento de la crítica. Además, su obra ha sido traducida al francés y al hebreo.
Querer decir: quiero decir muchas cosas. No me salen, es imposible articular en este estado. Pero me queda decir una: terminé a las lágrimas, y eso no me pasa seguido.
no escribió poesía sin embargo la tenía
Toda adentro: igual desdeñoso impertérrito NO ELEGÍA
Esta biografía es una maravilla. Su autor, Ricardo Strafacce, despliega un conocimiento y análisis que hacen difícil la tarea de la crítica, porque uno entiende que para criticar este libro hay que estar a la altura del autor (y del libro y del sujeto del libro). No sé cuánta gente lo está. Yo no. Por lo cual doy mi mera opinión. El libro en sí es mucho más que una biografía. Es una forma de leer a Lamborghini y una forma de entender la relación entre obra y autor. Casi diría que es fundamental para el Universo Lamborghini. Es una lástima que sea tan difícil de conseguir. Debo decir que por momentos me sentí muy ignorante, porque se manejan términos psicoanalíticos y de teoría literaria que me escapan por completo. Pero de todas formas, el libro se puede leer sin esos conocimientos, aunque ayuda tener un poco de conocimiento general (que supongo todos los que agarren este libro deben tener. No imagino a alguien que llegue “frío” a esta biografía). Osvaldo Lamborghini. Es absurdo y es sórdido. Es gracioso y es violento. Es juego y es guerra. Todos los órdenes están invertidos: publicar antes de escribir, morir para publicar, y vivir de escritor para no escribir. Es la idea del escritor apócrifo y del mito. Es como si los fragmentos de Lamborghini necesitaran una cámara de eco para reverberar, y esa cámara de eco es un poco la “leyenda” (“leyendo” en femenino). Por momentos la biografía me hizo acordar al James Joyce de Richard Ellmann. Tiene ese nivel de cuidado y detalle. Y por otro lado, la vida de Lamborghini tiene algunos puntos de contacto con la de Joyce. Se me ocurren: la “fluidez” con el dinero (y la de ser mantenido), la creencia de que se está escribiendo una obra maestra (en ambos casos justificada), la existencia de un promotor y albacea en vida (Sylvia Beach y Harriet Shaw Weaver para Joyce, César Aira para Lamborghini), el exilio, el alcohol, los juegos de palabras y el inconsciente como fuerzas propulsoras de la escritura, y podemos seguir. También el haber tenido punto de contacto con tantos Grandes Escritores (Puig, Aira, Fogwill, Libertella, etc.) Osvaldo es a la vez ese Lamborghini que va muy rápido. O ese F(i)ord que no arranca. Y el destino de ese viaje nunca se termina de descubrir.