Visualmente es una propuesta tremenda (del carajo encontrarse con proyectos de este calibre nacidos de la tierrita), pero la ejecución textual se queda algo corta para todo lo que pudo haber sido "Fachadas bogotanas".
Conocí rincones de mi ciudad que no sabía que existían, y las cuitas que cada rincón esconde. Me llevó a ver la transformación que ha tenido la ciudad y la identidad que con los sucesos y las realidades de cada quien ha ido adquiriendo.
Siento que la brevedad de la narración le resto mucho a todo lo que este proyecto pudo llegar hacer.
Una muy buena idea que surgió de la constancia y se agarró de una buena investigación. Se queda corto para lo que podría ser, pero tiene buenos momentos.
"Pablo VI
En los noventa, los adolescentes del barrio éramos como Pablito y Violeta, los niños de De pies a cabeza. Mi hermano y yo también lo fuimos, sólo que cambiamos el fútbol por el baile y las canciones de Maná por el merengue y la salsa. Así tuvimos nuestras primeras novias y fuimos a las primeras fiestas e intimamos tiernamente en la primera pizzería que conocimos y que quedaba en una esquina de Pablo VI. Ninguna había comido pizza antes ni sabía lo que era el amor. Esa era una vida que sólo se veía en las películas."
La escritora, entre relatos propios y ajenos y dibujos de su autoria, nos entrega un viaje inolvidable por diversos rincones de Bogotá. esa Bogotá que dudamos en nuestra cotidianidad que exista, pero que existe y es.
Gracias por abrir tu corazón y cautivarnos con tu magia.
Un libro imprescindible para aquellos curiosos que nunca se quedan con las apariencias y van más allá buscando tejer lo que fue, es y podrá ser las ciudadanes que habitamos y donde confluye la diversidad geográfica y social para enriquecer las vivencias.
ps/ ayer lo recibí y hoy mientras desayunaba, lo termino. que gran forma de terminar un día y comenzar el siguiente.
Ps 2.0/ ojalá podamos coincidir alguna vez para el anhelado café y, no menos importante, plantearte una edición de fachadas version Buenaventura.
Desde que compré el libro en el 2015 solo había ojeado las ilustraciones. Hoy le tocó el día de sumergirme en la visión de Lizeth León.
Me pareció muy buena introducción a lo que es tener disciplina para ver la ciudad y darle sentido o intentar darle un orden a los recuerdos y a las versiones infinitas de Bogotá que existen o que deben existir.
No imagino el trabajo para darle cabida a todas las voces y por eso este trabajo encomiable de la autora es apreciado por este no tan humilde lector.
Un relato sencillo y entretenido que recuerda la idiosincrasia única que tienen los barrios y localidades de Bogotá. A través de la evolución de sus barrios, calles y especialmente fachadas, se proyectan estas últimas como un medio de comunicación de los bogotanos con su entorno. Agradable y fácil de leer, me conectó con mi ciudad, e incluso con lugares que no sabía que existían.