Para un libro que establece constantes paralelismos entre la sexualidad humana y la sexualidad vegetal, el autor tiene puntos de vista un poco mojigatos respecto a casi toda la sexualidad no-heteronormada. Parece que desoye su propio mensaje: que la naturaleza exhibe toda clase de adaptaciones evolutivas y conductas extrañas. Y todas ellas son válidas.
Aunque bueno, en realidad sus comentarios conservadores no son muchos. Y le dan color al texto. Y, fuera de eso, el libro es excelente para cualquiera que quiera iniciarse en el mundo de la botánica, la evolución y las conductas vegetales. Invita a ver el mundo de las plantas con otros ojos.
Además, el libro es una fuente de imaginación inagotable. Y hasta tiene momentos cómicos, como aquel en el que, con un razonamiento muy lógico, afirma que las solteronas con gatos son la causa del poderío naval británico.