Una selección de viñetas de El Roto que ilustran lo que queda tras la crisis.
Andrés Rábago («El Roto») es Premio Leyenda 2015, un galardón concedido por el Gremio de Libreros de Madrid.
"Después de toda catástrofe se hace imprescindible emprender las labores de desescombro. En ese momento, entre ruinas y deshechos, pueden aparecer cosas de valor antes ocultas o incluso fruto de la misma catástrofe. Ese es el momento en el que estamos."
Con su habitual y deslumbrante lucidez, la calidad impecable de dibujo, la agudeza, a veces escalofriante, de los textos que lo acompañan, Desescombro avanza en lo que es por derecho propio la mejor crónica de la sociedad occidental contemporánea.
De formación autodidacta, empezó a partir de 1968[1] a publicar viñetas e ilustraciones en revistas como Hermano Lobo. Siguió colaborando luego en numerosos medios impresos, como La Estafeta Literaria, La Codorniz, Triunfo, Cuadernos para el Diálogo, Hermano Lobo, El Independiente o Ajoblanco. A pesar de realizarse recopilaciones de su obra en álbum ya en 1971, esta no obtuvo la misma repercusión que la de otros humoristas gráficos de su época.[1] Realizó también el cortometraje de dibujos animados titulado La edad del silencio.[1]
En 1978 inició su colaboración con las revistas del incipiente boom del cómic adulto, en concreto con Totem a partir de su número 6, seguidas por El Jueves, El Cuervo y Madriz. Además, siguió publicando en prensa: Diario 16, Cambio 16, Tiempo, El Periódico de Catalunya, Informaciones, Pueblo, Hoja del Lunes, etc., contando con un extenso currículo creativo.[2] En la actualidad publica en El País.
Una obra recopilatoria de viñetas que dan mucho que pensar. Una brutal crítica hacia la sociedad, política, economía y valores (o falta de ellos) de hoy en día.
Me ha entusiasmado ese humor tan negro de El Roto con el que se atreve a abordar temas considerados tabú hasta ahora. Sin duda da mucho que pensar y a más de uno no le harán nada de gracia pero gracias a sus dibujos el debate está abierto. ¿Se puede ser más políticamente incorrecto? Yo creo que no.
Cuando se ha llegado a un punto en el que el arte admite cualquier cosa, que la gente cree que puede opinar de forma libre, que no hay censura explícita, cuando pasa todo esto, en vez de suponer un enriquecimiento cultural e ideológico, nos lleva en la dirección contraria, a un deterioro de la vida intelectual, artística y social.
Cuando se puede hacer poca cosa, mucha gente elige el camino más rápido y cómodo: el de los productos asépticos que aparcan la mente. Es la cultura del ocio y de la evasión mal entendidos, con una falsa opinión pública dirigida desde arriba. Es la época del pensamiento único. Del materialismo virtual, es decir la creencia de que estamos mejor de lo que estamos. Hasta circula una teoría sobre la reencarnación que afirma que la gente pobre son personas que en vidas pasadas fueron malas y por eso les toca sufrir.
De vez en cuando aparecen francotiradores intelectuales que disparan donde más duele. Suelen practicar el género humorístico ya que permite posibilidades críticas infinitas. Quino es uno de ellos. Hoy toca hablar de otro, El Roto, del que Reservoir Books acaba de publicar su (hasta ahora) última recopilación.
El Roto se ha forjado un nombre a base de un humor muy personal, siempre con el mismo formato: una única viñeta con figuras trazadas con líneas gruesas, como de rotulador, con presencia o no de texto. En caso de que aparezcan diálogos, siempre son mínimos y para reforzar el efecto de choque de la imagen. El autor elige temas que podemos encontrar en cualquier canal tradicional de (des)información, pero les da la vuelta, de forma que nos obliga a ver el hecho con un mínimo de objetividad y puede crear un efecto de choc emocional leve.
Éste es un humorista que va a la esencia, dejando de lado elementos superfluos o demasiado emotivos. La suya es una crítica fría, siempre elegante y que nunca llega al mal gusto, y siempre con un posicionamento ideológico inequívoco: a favor de los oprimidos conscientes e inconscientes de serlo y de la gente más desválida en general.
Es normal que haya personas a las que no les haga ni pizca de gracia su humor. Él se defiende argumentando que su obra hace pensar, no cosquillas, y por lo tanto, es un humor que no conduce siempre a la risa.
Os animo a leer Desescombro, una selección de viñetas para reflexionar sobre esta época en la que nos toca emprender el desescombro. Como reza en la contraportada, «pueden aparecer cosas de valor antes ocultas o incluso fruto de la misma catástrofe».