En un futuro no muy lejano, Kant es un oficinista que años atrás alcanzó la fama como escritor, pero que ahora lleva una gris existencia de burócrata. Un día se presenta en su oficina un extraño e inesperado cliente y, tras él, comienzan a aparecer también una serie de personajes que desean localizarlo a toda costa. Kant se ve de repente arrastrado a una persecución frenética donde nada es lo que parece. O todavía porque algunas cosas sí son lo que parecen.
"...no es solo una excelente comedia, sino una inteligente visión y agua crítica de la sociedad que estamos construyendo y que, a la luz de esta genial obra, tal vez queramos dejar de construir [...] Sin duda, un brillante ganador del Writer Block's Award" (I. Mercadal - Literatura XXI)
"Es mucho más que una lectura AKA nos reconcilia con la Literatura con mayúsculas... y el Premio Phaulos, con todo lo que significa, es sin duda la mejor tarjeta de presentación para esta gran novela" (Javier Terrer - En Primera Persona)"
Divertida, inteligente, audaz, original, provocadora, crítica... en definitiva una novela imprescindible. La mejor novela del año" (Olga Royo - Europa Literaria)
"...una mezcla brillante de ficción y reflexión, que consigue hacernos reír y pensar por igual. AKA está llamada a convertirse en un clásico de la comedia, una obra de referencia para los lectores de hoy y de mañana" (J. Manuel Barea - Libros y Más)"
...la constatación de que la alta literatura no está reñida con el humor... sin duda, lo mejor que he leído en los últimos años" (Ángel Lafuente - Ocio de Papel)
Brillante, diferente,una locura,una mezcla de los personajes de Eduardo Mendoza,Tom Sharpe y su personaje Wilt,Ignatius Reilly en La conjura de los necios...me he reído como hace tiempo no lo hacía...hay que darle un tiempo a la novela para entrar en ella,va ganando con el paso de las páginas...me ha gustado mucho. El tramo final con el discurso de Alexander Liar es un desparrame total. Que nadie lo lea por mi opinión,mi sentido del humor puede ser muy diferente al normal.😁 Asusta ver que parece ser nadie ha leído el libro.🤔🙄 Pues nada, ahí me quedo yo solo.🤣🤣
La narrativa de puro humor resulta ramplona, inconsistente y para colmo se entiende mal o no se entiende directamente. Pasa como con eso que llaman prosa poética, en la que lo lírico es el fundamento y lo literario la mera excusa para remilgos y cursiladas. Y así en esta AKA en la que todo, la trama, las situaciones, los diálogos y el trasfondo, se rinde por completo a un discurso obsesivo de monologuista en el que todo y en cada momento tiende a forzar el chiste fácil, el símil o la ocurrencia. Y eso cansa. Mucho. Porque enseguida surgen los sinsentidos y se cae de lleno en el disparate. Es imposible mantener cerca de cuatrocientas páginas de jijí-jajá continuo, sustentado solo en el esperpento o, peor, en el desvarío.
· Superadas las primeras páginas de AKA y la sorpresa de la apuesta, uno continúa a regañadientes en la lectura porque, no obstante, observa buen oficio, cierta enjundia e inteligencia. También, es verdad, esporádicos golpes finos y graciosos, especialmente aquellos que aciertan con la crítica social.
· A mitad de la novela, vuelven las dudas de si merece la pena seguir. Uno ya no espera nada más de ella, salvo el mismo fluir desorbitado y delirante (en absoluto hilarante). En resumen, asistimos a una distopía que cae de lleno en el absurdo de un correcalles, kafkiano y rocambolesco, en pos de un MacGuffin —doctor Jiménez-Pata—, un recurso fullero y sobrexplotado que amontona personajes surrealistas como si del camarote de los hermanos Marx se tratara.
· A pesar de todo, uno persevera hasta el final por las buenas críticas, esperando ver, con curiosidad malsana (castigada, por supuesto), qué remate obtiene tanto despropósito. Y bien, en el penúltimo capítulo asistimos a la presentación de Alexander Liar, un personaje sin recorrido previo y sobrevenido, que aparece para soltar un discurso: sin duda los mejores párrafos de la novela. Al cabo, un discurso más ingenioso que brillante sin ser nada del otro mundo ni nada original —tantos de estos, tantas veces— que en ningún momento justifica la generosa entrega de atención y tiempo del lector.
· En definitiva, mi recomendación, si en algo le sirve, es que se evite éste y busque libros de más sustancia.
Novela distribuida y vendida por el propio escritor, por lo que he entendido, que ha resultado una total sorpresa. Desde la portada, que a primera vista parece un libro de Anagrama, hasta el final no puedo más que recomendarlo. Muy divertida, con un estilo que me ha recordado muchas veces a Groucho Marx y con una habilidad gramatical y léxica enorme por parte de José Ramón Pérez. Cierto es que cuando vas por la mitad del libro, el efecto sorpresa ya decae y piensas que quizás se está haciendo un poco largo, pero justo en ese momento llega el desenlace de la trama que, sinceramente, me ha parecido soberbio. Llega un punto decisivo de la novela, con el discurso de uno de los personajes, en el que esa sonrisa que se forma en tu cara poco a poco se va desdibujado y te das cuenta de que a quien está hablando el escritor es a ti. Y que la trama de la novela no tiene importancia, que de lo importante, como eres un pringado más, no te habías dado cuenta y por eso tiene que venir ese personaje a restregartelo por la cara. Y la comedia, que lo és, te deja un poso un tanto amargo que convierte al libro en una especie de revelación existencialista. En resumen, que me he reído mucho, me lo he pasado muy bien y encima, al final, hasta me ha hecho pensar.