La “Ruta Interior” es una obra de Hermann Hesse que contiene 3 cuentos sin relación específica entre sí; pero que exploran las mismas oscuras e intrincadas angustias: la culpa, el miedo y la muerte. El escritor alemán, galardonado con el Premio Nobel de Literatura en 1946, es un experto en presentar la ambivalencia de los humanos, recrea personajes bombardeados por deseos y sensaciones incontrolables, por anhelos negros que deben abrazarse como iluminación. Las narraciones son: “Alma de Niño”, “Wagner y Klein”, y “El último verano de Klingsor”.
El primer relato “Alma de Niño”, nos recuerda un episodio de la niñez de Hesse en su severo hogar pietista-calvinista, donde la falta más leve se castigaba con brutalidad física y cuestionamientos morales. El protagonista es conducido por la causalidad a robar unos higos de su padre, el delito y el robo que alberga en su corazón salen a flote de manera inexplicable. Después, culpable y mentiroso vagabundea por las calles hasta agarrarse a trompadas con un colega de su edad, los aspavientos producen heridas, moretones, susto y repulsión. El miedo es el hilo conductor del texto, miedo a la culpa, a la condena, al desliz. De vuelta al cálido hogar se encuentra la fría reprimenda, el autor deja ver la semilla del pecado alojada en su “alma de niño”.
“Wagner y Klein” es un excepcional episodio de vanguardia surreal y expresionista que coloca al impulso del amor cercano a la pulsión de la muerte. Klein lo deja todo, abandona su profesión, hogar y buen nombre huyendo de sus instintos, tendencias criminales y suicidas, siempre hacia el sur. Wagner el incomprendido que asesinó a su esposa, a sus hijos y se mató; condenado por la opinión pública, únicamente los espíritus enfermos como el de Klein podrían comprender esta disposición de su ánimo, esta voluntad íntima de amor mortal, ese apetito imperioso e insaciable de volver al origen, al interior, a uno mismo. Las noches son terribles para Klein, soledad, amargura y locura invaden sus pensamientos, su desesperación contrasta con la calidez de sus días, endulzados por las piernas, la mirada y el porte de Teresina, su amante fatal. Descubre la maldad efervescente en la especie, en sí mismo, y contrariado, entenderá al final que lo único posible es dar rienda suelta, dejar ser. Un anhelo lóbrego consume cada noche almibarada, ni el placer de la carne lo saca de sus meditaciones: el individuo y el conjunto. Klein prefigura al “Lobo Estepario”, escurridizo y taciturno en manada o aullando solo bajo la luna. Una pieza magistral de Hesse, su obra más sombría, más cercana al último aliento. El final en la barca es sublime, se percibe la ilusión de la muerte y de la vida, se divisa el reflejo del Dios en nosotros.
“El último verano en Klingsor” nos cuenta los últimos días de vida de un famoso y consumido pintor. Su filosofía es “beberse la copa de lleno”, disfrutar de las pequeñas cosas y retratar en el lienzo, el propio lienzo de su alma embriagada. Una suerte de manifiesto expresionista atraviesa la historia, un alegato de trascendencia imposible, mística oriental para superar a la muerte. Este tríptico aterrador, es conflictivo y profundo, como en sus otros libros Hesse se erige como un maestro de la narración, un profeta que muestra el sufrimiento del hombre, esperanzado en fundirse con el todo a pesar de la desazón en la existencia. Una vez más Hesse, el Lobo Estepario, elige su propio camino.