La experiencia de haber leído estos diálogos de Platón imagino que es parecida a la experiencia de un católico leyendo las trepidantes aventuras de Jesucristo. De hecho, es gracioso que el personaje de Sócrates y el de Jesucristo sean tan parecidos: ambos divulgaban su filosofía oralmente y todo lo que nos ha llegado a día de hoy de ello es a través de los escritos de sus discípulos. Es más gracioso aún cuando lees en repetidas ocasiones a Sócrates criticar la escritura frente al diálogo hablado porque “los libros no se defienden si les contraargumentas”.
La traducción de la edición de Gredos es excelente, contiene notas a pie de página explicando la dificultad de la traducción de ciertos términos y por qué se han tomado ciertas decisiones traductoras. En el prólogo se nos cuenta que Platón decide escribir diálogo en lugar de ensayo debido a la importancia de la discusión en la democracia de la Polis griega, en la que tanto los juicios como las decisiones políticas se hacían en asamblea y, como en una batalla de rap, la dialéctica es la que decide el argumento más fuerte. Estos diálogos se cree que son de la época de juventud de Platón, en ellos vemos una intencionada teatralidad en sus personajes, toques de humor e ironía. Imagino que al ser un chaval, Platón tenía en su cabeza un batiburrillo de voces dialogando entre ellas y la mejor manera de plasmarlo fue en diálogos donde el protagonista de ellos es su maestro, Sócrates. El resto de personajes que aparecen en los diálogos eran sofistas y personas muy relevantes para la política ateniense, es como si ahora se escribiese un diálogo filosófico con Rajoy, Rufián, Pedro Sanchez e Irene Montero.
Aunque como ya digo, debido al estilo teatralizado de sus diálogos es difícil saber qué pensaba realmente Platón, porque en todos estos diálogos no se llega a ninguna conclusión. Se conocen como los diálogos aporéticos en los que el objetivo es mostrar el método socrático de analizar, validar y tirar argumentos. Es la mejor muestra de la dialéctica entendida como la disciplina del habla que trata de encontrar conclusiones verdaderas en base a la contraposición de argumentos de distintas escuelas filosóficas.
La lectura de Platón muestra a la filosofía como una hija del resto de disciplinas más que su madre, como se suele decir. Un conocimiento de segundo grado que medita acerca del mundo en base a conocimientos y mitos ya dados. Nos mintieron cuando nos dijeron que en la Grecia Antigua había un paso del mito al logos, siempre hubo mitos y en los diálogos se ve su carácter necesario para entablar las discusiones sobre las virtudes. Es una muestra de que en filosofía importa más el camino que el final. Que el bosque denso y abstruso por el que uno se adentra se aclara con el paso de las páginas.
Merece la pena analizar cada diálogo por separado y así lo haré en los siguientes días, porque si no esta revisión se alargaría demasiado. Toda la filosofía son notas a pie de página de Platón, así que aquí únicamente enuncio de qué versa cada diálogo en una frase:
- Apología de Sócrates: ¿Una vida sin examen merece ser vivida?
- Critón: ¿Deberíamos aceptar unas leyes injustas si estas han sido aprobadas por una mayoría?
- Eutifrón: ¿Lo bueno es bueno porque lo quieren los dioses, o los dioses lo quieren porque es bueno?
- Ión: Los artistas crean por inspiración o por técnica?
- Lisis: Sobre la amistad (homoerótica).
- Cármides: Sobre la sensatez.
- Hipias menor: Es más capaz quien miente que quien dice la verdad.
- Hipias mayor: Sobre qué es lo bello.
- Laques: Sobre el valor.
- Protágoras: Sobre si la virtud se puede enseñar o es innata.