Leer un diario, siempre supone una intrusión a la privacidad de las personas, a su parte más oscura. Sin embargo, creo que Antonieta escribió estas hojas consciente de que voz sería escuchada a través de los años.
En este diario se lee a una Antonieta desesperada, que busca sobreponerse al fracaso electoral de Vasconcelos y a la pérdida de su propia fortuna, a la lucha por la potestad de su hijo Donald, a sus múltiples desencantos en el amor a causa de Manuel Rodríguez Lozano y el mismo Vasconcelos. Conforme vas leyendo cada página, te encuentras una mente que parece hecha un huracán, con proyectos literarios y culturales con los que busca volver a ser un personaje como el que fue en los tiempos de oro.
Desde que leí su vida en la infancia, soñaba con ser como ella: Una mecenas de la cultura que pudiera absorber cualquier libro que tocaran mis manos para después dejar al menos un poquito de lo que ella nos dejó en su corto paso por la vida.
Años después, al seguir conociéndola y leyéndola, la juzgué duramente y dudé de ella como un ideal.
Ahora, leyendo estas hojas, solo puedo desear que Antonieta hubiera podido resistir a la ruptura de su alma, que hubiera podido terminar de encumbrar un linaje en México como pocas veces hemos tenido.
Sin embargo, todos aquellos que la queremos aún a pesar de los años, no nos queda más que difundir su obra, aprender de lo bueno y entender sus errores como humanos.