Tengo muchos encuentros con mi mamá. Uno, cuando en las noches acostadas en la cama, la luz del televisor revelaba nuestras manos alzadas y su mano perseguía las mías para que corrieran al vuelo o para morderlas con las fauces hechas por su pulgar debajo de los otros cuatro dedos… Otro, como cuando yo era niña y por las noches me cogía a chancla por pintarme las uñas o me preguntaba las tablas de multiplicar. También, en el bus, al regresar de visitar a mí abuelita, ella me compraba, pidiendo rebaja, mis mercados de plastilina. Uno más es cuando me encontraba con ella en la puerta de la casa siendo pasadas las diez de la noche y yo llegaba, quizás, con algunas cervezas encima. Una mañana, mientras ella hacia la cama, nos encontramos en un revoltijo de lágrimas cuando le conté el final de Mil Soles Esplendidos. Todas las mañanas le contaba a ella lo que leía la noche anterior.
Cuando pedía prestados libros de la biblioteca, me fascinaba encontrar subrayados y notas en las márgenes porque me sentía espiando, persiguiendo y así conociendo a una persona anónima. Extraño a mi mamá. Tuve muchos encuentros, que no serán suficientes, con mi mamá, y quise propiciar uno más, y por eso termino leyendo “La María” de Jorge Isaacs, una de las lecturas que fueron tarea de la escuela para mi mamá. Mi mamá siempre decía, hermosas, bellas, ¡qué lindas! “La María” y La Rosalba”.
Ya van más de 150 años desde que se publicó María, la primera novela sentimental que se desarrolla en territorio americano y que ha sido llamada la mejor novela colombiana del siglo XlX. El hilo conductor de la historia es el amor entre María y Efraín. Efraín, después de terminar sus estudios en Bogotá, regresa a la casa familiar en el Valle del Cauca y se reencuentra con el amor que sentía desde la infancia hacia María, su hermana adoptiva. Efraín quiere esposar a María, pero sus deseos son interrumpidos por su padre -quien quiere que se vaya a estudiar medicina a Londres- y por la enfermedad de María; así, para mí se confabula una tragedia griega.
…Y si, el hilo conductor de María es el amor entre Efraín y María, pero hablo de hilo conductor porque María de Jorge Isaacs da cuenta de más cosas. María es un cuadro en movimiento que descubre el paisaje del Valle del Cauca de mediados, y más, del siglo XlX. Lo que hace Jorge Isaacs es inducir al lector a la contemplación, traduce con una narrativa poética preciosa, la generosidad, la voluptuosidad, la provocación y sensualidad de los colores, la brisa, la atmosfera del paisaje. Sumergirse en María es estar en un cuadro impresionista. Recordé a Renoir y Monet.
…”Desde él se veían las crestas desnudas de las montañas sobre el fondo estrellado del cielo. Las auras del desierto pasaban por el jardín recogiendo aromas para venir a juguetear con los rosales que nos rodeaban. El viento voluble dejaba oír por instantes el rumor del rio. Aquella naturaleza parecía ostentar toda la hermosura de sus noches, como para recibir un huésped amigo.”
…”la luz de los arreboles moribundos del ocaso se confundía bajo un cielo de color de lila con los rayos de la luna naciente, blanqueados como los de una lámpara al cruzar un globo de alabastro. Los vientos bajaban retozando de las montañas a las llanuras: las aves buscaban presurosas sus nidos en los follajes de los sotos.”
No veo a María como una historia; para mí María de Jorge Isaacs retrata con voz melancólica un momento completo en un lugar determinado. Efraín y María son parte del paisaje y del entorno social, y son la excusa del escritor para adentrarnos en él. Desde luego, está la naturaleza, están los dos enamorados, pero también están las costumbres de las personas en esa época, el cómo estaba compuesta la sociedad, el amor, la figura de la mujer, la enfermedad.
Una novela costumbrista, donde se muestra la agrupación de clases (que va por la riqueza, la educación y la cultura), la autoridad patriarcal, la vida de los jóvenes acomodados de provincia, la servidumbre, la relación entre ricos, campesinos y negros, la práctica del catolicismo y la esclavitud. En cuanto a esta última, Jorge Isaacs muestra un trato amable y de respeto hacia los esclavos (también hacia la servidumbre), por parte de los patrones, yo no podría definir sí es parte del romanticismo del autor o la sociedad idealizada por él, ya que tal relación así no me la puedo imaginar para esa época. Un elemento interesante para mí, es cómo la novela sirve para ver, hacer un rastreo de nuestro mestizaje. Desfilan en ella migrantes (judíos conversos, españoles, africanos) y nativos. Somos una Raza Cósmica, dijo José de Vasconcelos.
Otro aspecto que llama mi atención es que Jorge Isaacs aísla su novela de la política. No hace mención de las guerras civiles que teníamos en el país en ese momento, ni de la dictadura del conservador Mariano Ospina Rodríguez que causaría el levantamiento del general Mosquera. Isaacs escribió una novela apolítica.
La narración es hecha por Efraín, quien desde la primera página a manera de epitafio avisa al lector lo que va a suceder:
“He aquí, caros amigos míos, la historia de la adolescencia de aquél a quien tanto amasteis y que ya no existe. Mucho tiempo os he hecho esperar estas páginas. Después de escritas me han parecido pálidas e indignas de ser ofrecidas como un testimonio de mi gratitud y de mi afecto. Vosotros no ignoráis las palabras que pronunció aquella noche terrible, al poner en mis manos el libro de sus recuerdos: «Lo que ahí falta tú lo sabes; podrás leer hasta lo que mis lágrimas han borrado». ¡Dulce y triste misión! Leedlas, pues, y si suspendéis la lectura para llorar, ese llanto me probará que la he cumplido fielmente.”
Es una historia de adolescencia, del primer amor. Y creo que Efraín lo conceptualiza como el único amor, porque es el verdadero; el eterno, pero también el trágico, el interrumpido. La expresión del amor de Efraín es delicada, ingenua, lo que para él expresa el respeto. Pero también es un amor delirante, un poco obsesivo con su amada (ya que hay largas descripciones de la piel, los cabellos, los labios, los ojos, los brazos de María), y pese a los términos que dejan fuera de margen el sexo, las descripciones de Efraín rebosan en sensualidad y erotismo.
“¡Primer amor! ... Noble orgullo de sentirnos amados: sacrificio dulce de todo lo que antes nos era caro a favor de la mujer querida; felicidad que compraba para un día con las lágrimas de toda una existencia, recibiríamos como un don de Dios; perfume para todas las obras del porvenir; luz inextinguible del pasado; flor guardada en el alma y que no es dado marchitar a los desengaños; único tesoro que no puede arrebatarnos la envidia de los hombres; delirio delicioso... inspiración del cielo...¡María! ¡María! ¡Cuánto te amé! ¡Cuánto te amara!.”
…”en su sonrisa había tal dulzura y tan amorosa languidez en su mirada, que ya había ella desaparecido y aún la contemplaba yo extasiado.”
Que la obra de Jorge Isaacs se titule María, no solo responde como característica de la novela sentimental. Si tenemos en cuenta, que la familia de Efraín es católica, vemos como el nombre de María personifica la belleza, la fragilidad, el servicio, la pureza, el dolor, el sufrimiento y el amor. María, es el ideal de mujer de la época, una mujer de valores, abnegada, inocente, sin macula y en estado de gracia.
Entre tanto, hablar de la enfermedad de María es algo curioso. En el imaginario colectivo se construyen y mutan muchas imágenes para quienes saben de la historia de María y Efraín (bien sea porque leyeron la novela, vieron la serie, porque les contaron la historia); imaginarios como que María tose y le sale sangre por la boca (tuberculosis) o las altas fiebres con sudor en la frente, que podría ser una fiebre amarilla. No sabemos con exactitud la causa de su muerte, pero todo apunta a que murió de amor, de tristeza por la ausencia de Efraín.
Disfrutar del libro requiere dejarse llevar por Jorge Isaacs. Leer a María es estar dispuesto a asumir algo nuevo. Para mí María no es una historia, es el retrato completo de un paisaje en una época y lugar determinados, que pide ser contemplado. Lo que si me costó mucho esfuerzo fue acostumbrarme al uso del tiempo verbal pluscuamperfecto tan utilizado en la obra.
María, la lectura de nuestros padres y de nuestros abuelos y una desconocida para los jóvenes, pues la sociedad moderna parece estar menos dispuesta a la lentitud y la contemplación. María, la lectura que me dio cita con mi madre; tuve muchos encuentros con ella, pero solo hasta la lectura de María me encontré con su yo sin mí, porque uno no imagina a la mamá cuando no lo es, uno no cree que la mamá alguna vez haya sido niña o adolescente.
Dentro de las condiciones que debe tener un libro (o película) para que para mí sea un clásico, es que debe llegar de alguna manera a mi vida y perennizar mis recuerdos, o volverse un nuevo recuerdo. María es un clásico, hay que leerlo.
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Si se me permite una posdata: En 1991, RCN televisión Colombia hizo una miniserie bellísima de María, es la única que he visto. La adaptación la hizo Gabriel García Márquez. Ojalá la retrasmitan, preciosa desde donde se le mire.