La recopilación de poemarios y ensayos de Rafael Cadenas, "Obra entera: Poesía y prosa", resultó ser una decepción para mí. Mis expectativas, influenciadas por mis gustos poéticos actuales y mi afinidad por obras como "Piedra del sol" de Octavio Paz, no se cumplieron. No habría leído a Cadenas de no ser por la recomendación de un amigo, quien es un ávido lector de este autor.
La poesía de Cadenas me pareció demasiado simple. Comparo su obra con un plato sin sal o condimentos, carente de las imágenes poco convencionales y extrañas que busco en la poesía. Prefiero poemas que ofrezcan algo fuera de lo común, algo que escape de la realidad asfixiante, y que, en lugar de reflejarla fielmente, ofrezca una visión totalmente diferente.
A pesar de mi descontento general, hay una reflexión sobre el proceso creativo en la obra de Cadenas que me agradó profundamente. Según él, los "poemas" son momentos. Y resulta que nuestra vida está llena de momentos, algunos horribles, otros felices, pero todos componen la esencia de lo que somos, y el poeta transforma poéticamente esos momentos en algo completamente nuevo.
Un poema en particular que logró capturar conmigo es el siguiente:
"Hace algún tiempo solía dividirme en innumerables personas. Fui sucesivamente, y sin que una cosa estorbara a la otra, santo, viajero, equilibrista. Para complacer a los otros y a mí, he conservado una imagen doble. He estado aquí y en otros lugares. He criado espectros enfermizos. Cada vez que tenía un momento de reposo, me asaltaban las imágenes de mis transformaciones, llevándome al aislamiento. La multiplicidad se lanzaba contra mí. Yo la conjuraba. Era el desfile de los habitantes desunidos, las sombras de ninguna región. Ocurría al final que las cosas no eran lo que yo había creído. Sobre todo, me ha faltado entre los fantasmas aquel que camina sin yo verlo. Tal vez el secreto de lo apacible esté allí, entre líneas, como un resplandor innominado, y mi soberbia injustificada ceda el paso a una gran paz, una alegría sobria, una rectitud inmediata. Hasta entonces." (Falsas maniobras, 1965)
Ese "entre líneas" es algo que el poeta observa y plasma en palabras con una sutileza que el lector debe descubrir.