Había escuchado algunas referencias sobre Elizabeth Kübler-Ross, pero solo hasta ahora leyendo este escrito empiezo a conocer por ella misma, su trabajo, su pensamiento y la existencia de esa peculiar disciplina llamada "tanatología" que intenta estudiar, de manera científica, el fenómeno de la muerte.
Aunque la muerte es un hecho real que nos afecta a todos, directa e indirectamente, no es un tema frecuente, ni popular en nuestra cultura, siendo incluso un argumento evadido y percibido con rechazo y temor. Incluso para quienes tienen fuertes referencias religiosas, abordar la muerte de otros y más aún, recordar que nosotros mismos llegaremos a ella, es frecuentemente un motivo de conflicto y dolor.
Personalmente, me parece fantástico que existan personas e instituciones que de manera científica hallan hecho de este tema su objeto de estudio, no solo desde el punto de vista médico, sino encarando sin prejuicios, esos extraños fenómenos asociados a ella que la sociedad tiende a ignorar o subestimar, por tratarse de cosas incomprensibles, que se salen de nuestro modelo de pensamiento materialista.
Como lectora común y no siendo experta en el área, no estoy capacitada para evaluar profesionalmente la validez científica de la metodología empleada, así como tampoco las interpretaciones dadas a los hechos, que en sí mismos, como fenómenos extraordinarios, incomprensibles, pero "reales", no tienen discusión. Sin embargo, la profundidad de su pensamiento, sus reflexiones e intuiciones basadas en la experiencia y su modelo, propuesto al mundo como forma nueva, abierta y positiva para enfrentar las enfermedades terminales y la muerte, me parecen un valioso aporte que debemos considerar de manera seria.
Leer este libro ha sido solo el comienzo, es un tema que se necesita profundizar, pero si la muerte, como dice Elizabeth Kübler-Ross " se trata sencillamente de abandonar el cuerpo, como la mariposa abandona su capullo de seda, para mudarse a una casa, a una existencia, más bella" entonces, sabré que cuando llegue para otros y para mí, no tendré nada que temer.