Los dieciséis años transcurridos entre el primer volumen y este parecen, en primera instancia, no haber afectado a Goro Inokashira, el personaje central, que ni se muestra más viejo ni con mayor peso. Sin embargo, si uno se aplica en los detalles, podrá comprobar pequeños cambios en el trabajo de los autores. El guión se centra más en la comida y algo menos en el contexto, el protagonista ha acentuado su sentido del humor y el apartado gráfico se muestra más elaborado. La línea clara de Taniguchi se presenta más fina y rodeada de grises, envuelta en un mayor uso de las tramas, lo cual reviste al apartado gráfico de una mayor sofisticación.
Creo que la lectura enlazada de ambos volúmenes perjudica a este segundo, que no transmite tanto como el primero. Al fin y al cabo, se trata de una colección de historias cortas monotemáticas, algo que en cantidad acaba por cansar un poco. Recomiendo por ello, dejar pasar algo de tiempo entre lecturas. Aunque, por supuesto, no 16 años.