En las portadas de los periódicos y en los informativos televisivos, los kurdos suelen aparecer vinculados a desastres y trágicos acontecimientos: ejecuciones en Irán, bombardeos químicos bajo Sadam Husein, campañas de limpieza étnica del ejército turco, las bombas y decapitaciones de los yihadistas, el genocidio de los kurdos de religión yezidi, el secuestro de los cristianos, el angustioso asedio a Kobani, donde las milicias kurdas demostraron que el Estado Islámico no era invencible o los atentados en Turquía. Pero los kurdos llevan casi un siglo de luchas contra los regímenes que buscan su desaparición, desde las revueltas iniciales del cheik Said y conflictos posteriores hasta sus combates actuales contra el Estado Islámico.
Estoy leyendo poquísimo libro. Estoy inquieta. Y que de los pocos libros que he leído estas semanas sea éste me da un poco de penilla porque lo he leído todo el rato con la crítica en la boca y a disgusto.
El caso es que a Martorell le gustan los kurdos, cree que son dignos de defender y de apoyar, y cree que el “occidente” les ha dado la espalda. Mi tesis, por lo contrario, no es que no son dignos, sino que creer que y describir cómo hay que ayudar a poblaciones, sobre todo en el oeste de Asia, suele llevar a intervenciones económicas (las temidas sanciones) o militares (el bombardeo aéreo), cuando no a ocupaciones del territorio (que no salen bien nunca). Los kurdos y su protección, para el de izquierdas de bien, es una de esas causas que ha llevado a bombardeos por parte de unos cuantos estados europeos y atlánticos en el noreste de Siria. También ha enfrentado a la Unión Europea y Turquía. Y no digo que ese enfrentamiento no es válido, sino que es selecto. Europa no se ha enfrentado en ningún momento con Israel sobre Gaza y mira que creo que es más grave que encarcelar a una persona 10 años. Y aunque no fuera más grave, el hecho es que no lo ha hecho.
He leído ya bastante sobre los kurdos, casi en exclusivo de escritores europeos y de los EE. UU., y siempre hay un apartado sobre mujeres, y ya salta una alarma en mi cabeza cada vez que un intelectual europeo se preocupa por las mujeres en el “oriente”. Ya en la siguiente escena van a aparecer los salvadores. Dentro de los clichés orientalistas sobre las mujeres que incluye la mujer escondida y reprimida, por un lado, y la mujer bailadora y sensual por otro, podemos añadir otro, la mujer guerrera. Una está en la portada del libro, de hecho. También me hace pensar en el marco “víctima” que ha popularizado casi contra su propia voluntad el feminismo, y la necesidad de proteger y ayudar al abusado. La relación entre el feminismo occidental y el imperialismo tiene mucha chicha, lamentablemente, y mira que hace falta el feminismo.
En estos libros sobre los kurdos, los autores siempre rebajan el islam a un segundo plano en la conformación de su identidad y su comunidad. Son musulmanes, pero poco, supuestamente (no tengo forma de medir el nivel de musulmaneidad de la población). Martorell incluso dice en varias ocasiones que son kurdos primero y musulmanes segundo. [Aparte del hecho de que utiliza el adjetivo “mahometano”, que es erróneo ya que los musulmanes no veneran a Mohammed, que no son cristianos con otro Cristo, a ver.] Estos marcos casi invisibles de planteamiento, que hay que mirar bien a las mujeres y que también son “menos” musulmanes entre otras cosas por existir antes del islam, me recuerda un poco a la fascinación europea con los amazigh en el norte de África. Son (los dos grupos) pre-islámicos y sobre todo no son árabes. Son “independientes”.
¿Independientes de qué? Del pan-arabismo terrorífico de Nasser que nacionalizó al canal de Suez, ¿no? ¿Que intentó aglutinar a varios estados en uno para aunar fuerzas contra el imperialismo rampante soviético y norteamericano? Porque no es libertad “individual” que se dice. Martorell nos presenta larga y detenidamente toda la mitología nacional, sobre todo cultural e histórica, que supuestamente todos los kurdos comparten. Describe la mitología nacional que se fue conformando, me imagino, porque no lo especifica, a finales del siglo 19, como si fuera una cosa atemporal y real, tipo, y os pido perdona por adelantado por la comparación bastante demagógica, las historias de los israelís sobre Palestina hace 3.000 años. El nacionalismo es un fenómeno social muy reciente, a ver, seamos serios, y se va construyendo tanto su pasado como su futuro y se construye a propósito, políticamente. La mitología nacional nunca es neutra. Llamar a los kurdos un pueblo (una nación) sin estado, como si fuera una gran afrenta a su dignidad y sus derechos (otro término muy de la ilustración, esa vez escocesa), que hay que rectificar, pues a mí me suena a excusa para intentar meternos en la política de estos estados soberanos.
El caso, además, es que tanto en Turquía como en Siria, no todas las poblaciones que se identifican como kurdos quieren un estado propio, sino más autonomía dentro del estado en que ya se encuentran. Esto lo recoge Martorell de hecho. Pero una y otra vez veo en escritos sobre los kurdos que los autores van un paso más allá, insinuando que se les debe un estado propio. ¿A quién vamos, los occidentales, a quitar territorio para darles ese estado?
Ahora bien, ¿se les ha matado y tratado vilmente en muchos sitios? Desde luego, y eso lo doy por hecho. Quizá ese maltrato es más porque donde eso ha ocurrido el país lo lleva un (medio) dictador fanático, no sé, que ha heredado e intentado implantar un estado-nación centralizado y homogéneo precisamente de Europa. O quizá no, quizá es porque son racistas, pero habría que saber que el racismo tal y como se entiende hoy también lo inventaron los europeos (bueno, los españoles) como modelo cultural y social y luego lo exportaron cual percebe fijado a sus carabelas llegando al Caribe. Pero lo que sí tengo claro es que a los que se consideran occidentales, les fascina el fenómeno o el universo kurdo, y sospecho que tiene que ver con ser una fuerza social aún sin domesticar, aún sin orientalizar lo suficiente, en el sentido que le da Said, un pueblo fuera de los polos de mucha fuerza política e ideológica y cultural, y resistencia a lo europeo, de lo árabe y lo persa, y, en menor medida, lo turco. Europa no ha podido con los árabes, y mira que lo ha intentado, pero a ver si podemos hacernos con los kurdos. Ser biempensante, e incluso buena gente, no te libera de una episteme imperial, si es el marco en que te has formado.
Pero bueno, a lo mejor simplemente estoy con ganas de discutir. A ver si me leo una novela de Austin.
Martorell realiza una interesante aproximación a la milenaria historia del pueblo kurdo, dando cuenta de las tensiones de estos con las configuración de distintos imperios y Estados-nación. El autor, repasa de manera simple y guardando (una difícil) distancia con esta historia cargada de catástrofes, masacres e injusticias. Manuel Martorell rescata distintos símbolos culturales kurdos para explicar su resistencia y permanente lucha por la libertad. El libro, publicado en 2016, es una buena primera aproximación a uno de los principales conflictos geopoliticos actuales, donde no sólo se está poniendo en juego el freno al yihadismo y los autoritarismos, sino que también se está recreando nuevas formas de gestión de la vida y el poder mucho más libres y democráticos.
Un recorrido histórico por los territorios habitados por el pueblo kurdo. Desde sus orígenes hasta la situación actual, Manuel Martorell relata con rigor y sin pelos en la lengua la historia de un pueblo dividido, oprimido y silenciado que, sin embargo, continua defendiéndose y organizándose para defender la diversidad que otros pretenden aniquilar en Oriente Medio. Para mí una obra para aprender, disfrutar y sufrir ( por las atrocidades que cuenta) a partes iguales.
Los kurdos son un pueblo mayoritariamente musulmán sunita, no árabe, con una lengua relacionada con el persa y que habita en las regiones montañosas fronterizas entre Armenia, Iraq, Irán, Siria y Turquía.
Considerado el mayor pueblo del mundo sin Estado y el más perseguido históricamente
Tarde casi 2 años en terminar el libro porque lo había dejado, sin embargo es muy interesante conocer la historia de este pueblo, que asciende a más de 40 millones de personas…