Él es el típico hombre que no acepta un no por respuesta (mal vamos) y que toma todo lo que desea. Claro que sí, campeón. Que viva el consentimiento y esas cosas.
Ella se supone que es una mujer de armas tomar, decidida, que sabe lo que quiere. Ha!
En múltiples (y lo digo en serio, ni las he contado pero ahí están) ocasiones ella le dice que no. De forma reiterada. Verbal. Lenguaje corporal. Pero al hombre le da igual. Y a ella en verdad también.
Lo he visto en obras anteriores de Roberts. Parece que las mujeres con un beso y una caricia nos derretimos y no podemos pensar de forma coherente y se nos evapora la voluntad. Si, si. Fantástico.
De hecho en una escena le dice que no mientras le rodea el cuello con los brazos. Yo lo siento mucho pero no entiendo este tipo de relaciones. Y para mí, ha sido un punto muy negativo y constante.
El ambiente de la novela me ha aburrido soberanamente. Ya de entrada no me va el tema de casinos, apuestas, etc. Pero tal y como lo llevan, pues menos.
Todo pasa en una semana y supuestamente tengo que creerme que ahí hay algo de sentimiento entre ellos. A lo último igual sí, pero cuando ni llevan una semana (y dos días sin verse). Mira, no.
El estilo de Roberts sigue sin gustarme. De vez en cuando te cola frases que, se supone, están curradas pero que las ha metido con calzador. Y cuando llega a las escenas de cama hay tantos eufemismos que casi me pierdo y de repente pam! están dormidos. Hay mil maneras mejores de hacerlo.
Me da que no voy a leer mucho más de Roberts. Esta visto que no nos llevamos bien.