En De criada a empleada se muestra la evolución que, desde el comienzo de la industrialización, ha experimentado la división del trabajo según los sexos. Hombres y mujeres trabajaron en fábricas y se adaptaron a las cambiantes condiciones y exigencias del trabajo. En la actualidad las mujeres trabajan por salarios menores que los hombres, y a lo largo de nuestra historia su mano de obra ha sido considerada menos calificada. Incluso la maquinaria que usaban hombres y mujeres fue asignada de acuerdo con el sexo: la máquina de coser, por ejemplo, fue femenina, y el trabajo de las costureras fue, en consecuencia, minusvalorado
De criada a empleada. Poder, sexo y división del trabajo (1789-1950) Ulla Wikander, historiadora y antropóloga sueca nació en 1940 ( no confundir con la actriz de mismo nombre y apellido).
La idea fundamental de este libro es que las mujeres han conquistado importantes derechos democráticos y políticos, pero se mantienen las desigualdades en el mercado laboral.
El libro explica el progresivo acceso de la mujer al trabajo pero al tiempo, la división sexual en oficios y ocupaciones con la subordinación femenina y la desigualdad salarial que la mujer ha tenido y tiene, no siendo las únicas discriminaciones laborales por sexo.
Ulla estudia los cambios en las condiciones del trabajo asalariado femenino desde 1800 hasta la mitad del pasado siglo XX en la Europa central, Países Bajos y Escandinavia.
Y aunque la situación de la mujer haya mejorado en algunos aspectos, un hombre sigue teniendo más ventajas y mejores condiciones que una mujer en el aspecto laboral y en el desarrollo de una actividad profesional. Cómo antropóloga ha estudiado las relaciones laborales, las interrelaciones entre trabajo, familia y sexo, y el como se perpetúan las diferencia entre hombres y mujeres en beneficio de estos. Si la mujer percibe por igual trabajo un salario inferior, aunque el nivel de vida medio mejore y suba , la brecha sigue no solo existiendo sino agrandándose. Las mujeres trabajan por lo menos tanto como los hombres. Si se toma en cuenta el trabajo no remunerado, trabajan más que ellos. Pero, a pesar de este hecho disponen de menos ingresos y bienes, reciben rentas más bajas, y cuando viven solas tienen un nivel de vida inferior. El patriarcado sigue vigente.