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La chica de California y otros relatos

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Por primera vez en castellano, esta antología reúne algunos de los mejores relatos de John O’Hara. «Hijo» de Hemingway y Fitzgerald, y precursor de Salinger, Updike o Carver, O’Hara escribió más cuentos que nadie para la prestigiosa revista The New Yorker y es uno de los maestros de la narrativa breve norteamericana. Sus diálogos —forma privilegiada del vehículo de sus cuentos y el resultado de un oído finísimo— se encuentran entre los mejores del género. Dotado de una hiriente sensibilidad para captar la asfixiante estratificación social americana, dio vida a un fresco de personajes portentoso, entre los que destacan sus retratos femeninos. Escritor prolífico como pocos, empapó sus páginas de alcohol, sexo y dinero —sus temas predilectos y recurrentes—, y como Faulkner o Sherwood Anderson, convirtió su localidad natal en el sustrato de muchas de sus ficciones. Su aproximación elíptica al tema y sus finales estremecedoramente ambiguos suponen un hito del relato moderno.

320 pages, Paperback

Published January 1, 2016

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About the author

John O'Hara

230 books304 followers
American writer John Henry O'Hara contributed short stories to the New Yorker and wrote novels, such as BUtterfield 8 (1935) and Ten North Frederick (1955).

Best-selling works of John Henry O'Hara include Appointment in Samarra . People particularly knew him for an uncannily accurate ear for dialogue. O'Hara, a keen observer of social status and class differences, wrote frequently about the socially ambitious.

http://en.wikipedia.org/wiki/John_O&#...

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Displaying 1 - 4 of 4 reviews
Profile Image for Raül De Tena.
213 reviews145 followers
February 24, 2017
Pros del relato corto como formato: 1. La relación proporcional entre esfuerzo invertido y (posible) placer obtenido es óptima; y 2. Ensamblar un conjunto homogéneo, coherente y verosímil es relativamente fácil al ser lo opuesto de las intrincadas y complejas historias-río. Contras del relato corto como formato: 1. Es muy complejo conseguir que un único relato quede en la memoria del lector de la misma forma en la que quedan esas historias que, en ocasiones, nos acompañan en lecturas de semanas y semanas; y 2. Resulta difícil pasar por encima de la sensación generalizada de que es un formato “menor”, una antesala del formato largo.

Si me he propuesto glosar los pros y contras del relato corto como formato es, básicamente, porque resulta inevitable cerrar “La Chica de California y Otros Relatos” de John O’Hara (en la edición cuidadísima y estéticamente sublime de la editorial CONTRA) y ponerse inmediatamente a reflexionar sobre el motivo por el que este autor no es mencionado una y otra vez en compañía de los maestros absolutos del formato. Cualquier lector con un conocimiento medio de literatura podrá encabalgar una ristra de nombres de maestros del relato corto entre la que se encuentren Salinger, Carver, Capote, Cheever, Updike, Doctorow… Pero ¿por qué no aparece nunca O’Hara entre ellos?

Esa es la cuestión que aborda Didac Aparicio, editor de CONTRA, en el prólogo de “La Chica de California“. Y no sólo eso, sino que su pregunta es mucho más concreta: ¿por qué O’Hara ha sido continuamente ninguneado por el panorama editorial de nuestro país, en el que se le ha prestado una atención entre tibia e inexistente? Movido por la misma intriga, mi única salida como lector habitual (más que como personaje que a veces escribe reseñas de libros) es hacer pros y contras del formato que practica John O’Hara y, a continuación, sopesar su validez en el caso del autor.

1. La relación proporcional entre esfuerzo invertido y (posible) placer obtenido es óptima. Y eso es algo que, en el caso de los relatos de “La Chica de California“, no podía ser más cierto. Para empezar, porque O’Hara nunca sucumbe a la tentación de alargar innecesariamente sus relatos, de atiborrarlos con paja superflua, sino que practica una depuración absoluta que está a disposición del genio de muy pocos autores: tiene una capacidad innata para la palabra justa, para la frase certera, para los párrafos como sacos de huesos fascinantes que no necesitan carne para inducirte a imaginar cuerpos ampulosos y vivos. Y, sobre todo, porque el gran fuerte de O’Hara son los diálogos, el verdadero pulmón de todos sus relatos: una herramienta para airear y sanear, para convertir la literatura en una especie de hectoplasma ingrávido en el que flotan escenas increíblemente vivas. De hecho, lo de este hombre no parece ni literatura, sino pura fotografía de diálogos reales, esos que escuchas a hurtadillas en un bar o en la parada del metro.

2. Ensamblar un conjunto homogéneo, coherente y verosímil es relativamente fácil al ser lo opuesto de las intrincadas y complejas historias-río. Las historias de “La Chica de California“, sin embargo, no son para nada simples: puede que no necesiten la extensión de una novela-río, pero tampoco se conforman con quedarse en la representación unidimensional de unos hechos concretos en el tiempo y en el espacio. Por el contrario, O’Hara consigue que los argumentos de sus relatos se desborden más allá de las fronteras de su propio tiempo y espacio, introduciendo complejidades que nunca esperas y que comúnmente llegan a modo de sutiles referencias en unos diálogos en los que siempre hay que leer entre líneas y, sobre todo, a modo de twist final que te obliga a replantearte todo lo que acabas de leer.

Aun así, ser excelente en los pros de un formato no parece una proeza demasiado difícil… Aunque, ¿qué ocurre con los contras? Empecemos por el primero. 1. Es muy complejo conseguir que un único relato quede en la memoria del lector de la misma forma en la que quedan esas historias que, en ocasiones, nos acompañan en lecturas de semanas y semanas. Es comprensible: un golpe en el costado no te dejará demasiadas secuelas, pero de lo que sí que te acordarás es de los navajazos rápidos que hunden el arma blanca hasta lo más profundo de tu carne. Pero, cuidado, no estoy diciendo que John O’Hara practique una literatura agresiva con el lector ni que busque epatar por la vía de las imágenes escandalosas, ni mucho menos. El navajazo de O’Hara no tiene nada que ver con lo sangriento del acto, sino con lo afilado de la navaja: ya he dicho más arriba que sus relatos practican una depuración que bien puede compararse con el acto de afilar un objeto punzante.

2.Resulta difícil pasar por encima de la sensación generalizada de que es un formato “menor”, una antesala del formato largo. Y aquí llegamos a la conclusión final, a ese momento en el que es necesario plantearse si nos encontramos ante una obra (formada por muchas obras) con capacidad para trascender esa insidiosa sensación de que nos encontramos ante un formato menor. En este caso, sólo puedo hablar de forma íntima y personal, pero diré que las historias de “La Chica de California” calan muy hondo gracias a sus retratos de Estados Unidos en la primera mitad del siglo XX todos ellos impregnados de alcohol, egos hollywoodienses, tensiones eternas entre lo rural y lo urbano, almas en pena arrasadas por la vida “moderna”.

Puede que, en el caso de otras recopilaciones de relatos cortos, tan sólo sientas la necesidad de releer algunas de las historias en concreto… Pero, en el caso de este tomo de John O’Hara, la cohesión interna es tan fuerte, la exuberancia del retablo que surge a partir de la suma de las diferentes micro-historias, que la necesidad de la relectura pasa por el libro el completo. Y si eso no es propio de una obra maestra, no sé qué puede serlo.
Profile Image for LaViejaPiragua.
180 reviews18 followers
June 28, 2016
LO QUE CUENTA O’HARA SEGURAMENTE NO TE VA A GUSTAR, PERO LO CUENTA TAN BIEN QUE NO PODRÁS DEJAR DE LEERLO

La inmortalidad artística, la fama y el paso a la posteridad es un tema común en el mundo de la literatura que, en lo que a inmortalidades se refiere, resulta de lo más complejo y caprichoso. Tras su muerte, un escritor, de éxito o no, puede ser olvidado, o reivindicado, o primero reivindicado y luego olvidado, o lo contrario, o puede incluso que se alternen ambas situaciones varias veces a lo largo de los siglos. En cualquier caso, su éxito o su reconocimiento pre o post mortem nunca lo presuponen para el futuro.

Y algo de esto es lo que le pasa a John O’Hara, un grandísimo escritor estadounidense, sobre todo cuentista, contemporáneo de Hemingway, maestro de Raymond Carver, admirado por Harold Bloom o John Updike, cuya obra ha llegado hasta nuestros días casi de incógnito (al menos en sus ediciones en español). Y uno se pregunta por qué. ¿Habrá influido su mal carácter, su alcoholismo, su incapacidad innata para hacer amigos (más bien al contrario)? ¿Qué ha podido suceder para que su inmensa obra (en calidad y en número de cuentos, también alguna novela) pase tan desapercibida por nuestras vidas lectoras en comparación con otros escritores de igual o menor calidad? Afortunadamente, iniciativas como esta recopilación de relatos o la reciente publicación en español de la novela “Cita en Samarra” (Lumen, 2009) contribuyen en la medida de sus posibilidades a luchar contra esta injusticia.

“La chica de California y otros relatos” recoge una muestra muy representativa del universo literario de su autor, que no es precisamente un lugar amable donde quedarse a vivir porque O’Hara siempre pone el acento en los aspectos menos luminosos de las personas, y en todas las ocasiones lo hace con una precisión que asusta. Por estos cuentos pasan actores de Hollywood en decadencia, artistas patéticos, empleados vulgares y tristes, jefes de oficinas algo siniestras, comerciantes a punto de arruinarse, o a punto de arruinar su vida, que no es lo mismo,… Infinidad de personajes pintados siempre desde su lado menos favorecedor. Seres humanos espiritualmente desnudos y expuestos a la luz fría de la literatura. Todos estos relatos, previamente publicados en “The New Yorker”, como casi todos los que escribió, son trozos de la vida de unas personas que deben de ser ficticias, pero que bien podrían no haberlo sido. Pequeñas piezas literarias ideales para conocer los aspectos más tristes de la vida de los estadounidenses de clase media de los años cuarenta del siglo XX.

Hay algo muy interesante en estos relatos también desde el punto de vista de su estructura. En ninguno de ellos se trata de dar un giro final a la trama, algo tan propio del género y de lo que a veces se ha hecho demasiado uso. Los cuentos de O’Hara terminan casi siempre de repente, como si el lector, y antes el escritor, decidieran en un momento determinado dejar de asomarse al interior de una casa para seguir su camino. Esos finales algo bruscos refuerzan el carácter casi real de las historias de O’Hara.

En definitiva, lo que cuenta O’Hara seguramente no te va a gustar, pero lo cuenta tan bien que no podrás dejar de leerlo.
Profile Image for Mercedes.
16 reviews10 followers
October 4, 2020
Sorpresa al descubrir a un maestro del cuento. Y lo de maestro es literal, se nota su influencia en muchos escritores de cuentos archifamosos. Preciosa edición.
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