Convendría que en este contexto de la pandemia, la Unesco se pusiera la pilas. Las instituciones públicas y privadas deberían, ahora más que nunca, replantearse el modelo educativo que planean seguir durante esta emergencia.
La educación es ya de por sí lo suficientemente desigual y precaria como para sumarle los retos que implica hacerla en línea.
Maestros mal pagados, poco capacitados en educación a distancia, familias que no cuentan con los requerimientos tecnológicos, económicos, psicológicos y profesionales para hacerle frente a la este modelo. Planes de estudio que sufren de una sobresimplificación porque están diseñados para ser presenciales y ahora deben adaptarse a las TICs.
¿De verdad conviene mantener los números de egresados? ¿A costa de qué? ¿No es preferible un niño, adolescente, adulto que cuente no solo con la información, sino con comprensión, con las competencias adecuadas? ¿De qué nos sirve tener egresados si no tendremos profesionistas capaces?
Esperemos que quienes están a la cabeza en la educación tomen las decisiones correctas.