Ensayo y narración a la vez, este libro explora las relaciones de poder que se juegan en el mundo de la salud, que analiza desde la experiencia personal de la autora. Hay una historia oficial de la enfermedad, la que cuenta el historial clínico (“Mujer joven afebril 27 años refiere dolor de espalda…”). Este libro cuenta la otra historia. Con una prosa precisa como un bisturí, Raquel Taranilla trata de hacerse cargo de su propio cuerpo, ahora convertido en oncocuerpo, de su propio cáncer. En sus páginas, Mi cuerpo también dibuja el retrato delicado de un cuerpo enfermo, y narra una historia que avanza por el camino espinoso que conduce primero al diagnóstico cáncer y después a la terapia. Un análisis riguroso y lúcido del dominio de la maquinaria médica sobre los cuerpos, con el que la autora abre en canal —igual que ella fue abierta— la vivencia del cáncer y los mitos que lo envuelven.
“La enfermedad es imperialista y acostumbra a colonizar la identidad completa del que la padece; por eso acaba ocurriendo que no solo es su enfermedad sino toda su personalidad la que provoca la pena ajena. Mediante la risa cáustica el paciente busca demostrar que excede su ser enfermo”~ Mi cuerpo también de Raquel Taranilla.
Antes de comenzar a reseñar este libro he de decir que no es un libro para cualquiera. Mi cuerpo también es la vivencia de la autora de los años en los que tuvo que enfrentar el cáncer. Raquel fue diagnosticada en 2008 de un cáncer muy agresivo y no es hasta ahora que cuenta su experiencia, desde la distancia que otorga el tiempo, quizá con el objetivo de que sea una visión más meditada y menos dolorosa.
El libro está escrito en primera persona y dividido en tres partes: el diagnóstico, el tratamiento y la sala de espera y refleja la visión del enfermo ante esos momentos duros en los que no te queda más remedio que dejarte llevar y confiar en el equipo médico, en que te conviertes en un cuerpo al que mueven, conectan, desconectan; momentos en los que sientes hastío hospitalario; en los que no tienes ganas de enfrentar ni siquiera el más mínimo pinchazo; y en los que no quieres ni quejarte porque sabes que hay quien está peor que tú. Mientras, todos esperan de ti que te crezcas, que seas valiente, luchadora y vivas en una situación constante de fortaleza y buen humor.
Mi cuerpo también quiere reivindicar a la persona que vive en ese cuerpo, la voz del enfermo, la que queda en un segundo plano; la persona que deja de llamarse por su nombre para asumir el nombre de su enfermedad.
He de decir que me ha encantado. He acompañado a Raquel en su duro periplo en un relato que va alternando curiosidades médicas entre su experiencia. Me he identificado con ella en muchos puntos y la verdad es que me ha gustado mucho cómo está escrito el libro. Leeré alguno más de esta autora, lejos de hospitales, olor a alcohol y timbres de medianoche.
Me ha sobrecogido. Es impactante la disociación de si misma y la precisión y objetividad con la que cuenta y analiza su historia. Uno de los elementos narrativos que más me ha llamado la atención es que durante el libro, evoca a escritores, artistas y filósofos para acompañar su historia, y siempre a pie de página aparece la fecha y causa de la muerte de estos, recordando al lector la gravedad y la cercanía de lo que cuenta. Es un relato duro pero fáctico.
Un relato honesto y veraz sobre la realidad de enfermar, es crudo y es poético, es difícil de leer y de asumir, es crítico con la medicina y también es crítico con el rol del enfermo. Me ha conmovido, diría que demasiado.