El libro me resultó, en general, bastante monótono. Siento que le sobran al menos unas 150 páginas, ya que por momentos logra captar el interés, pero pronto vuelve a decaer. Lo que inicialmente me parecía lo más atractivo —la relación entre los protagonistas— termina volviéndose extraña e inverosímil. En especial, el personaje de Nuria experimenta un cambio que no me convenció; se vuelve confuso y pierde coherencia con lo que el texto había construido al principio.
La trama, en sí, tiene una propuesta interesante y un potencial claro, pero me da la impresión de que no fue desarrollada de la mejor manera. Mi principal dificultad fue conectar con la prosa del autor: pensé que esa sensación inicial de desconexión se disiparía con el avance de la lectura, como me ha ocurrido con otros escritores, pero esta vez no fue así. De principio a fin, la escritura simplemente no logró atraparme.
Aunque hay escenas de acción bien logradas y momentos intensos, a menudo me encontraba leyendo con el único deseo de llegar al final, sin disfrutar realmente del proceso. Creo que eso se debe, en gran parte, al estilo narrativo del autor. La intención de incorporar elementos del underworld —las villas, el submundo de los poderosos— me pareció buena en concepto, pero no bien ejecutada. El uso del lenguaje y de los códigos entre los distintos grupos sociales se siente forzado, poco natural.
El final, sin embargo, fue lo que más me gustó. Es lo único que realmente rescato del libro: una resolución que, aunque no compensa del todo el desarrollo anterior, deja una sensación más sólida y coherente